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Almagro
martes, agosto 18, 2026

La vieja fábrica de berenjenas de Almagro que hoy sobrevive en una fotografía y en la memoria de todo un pueblo

Una fotografía recupera la memoria de la antigua fábrica de berenjenas del Ejido de Calatrava y permite recordar cómo este producto llegó a convertirse en una de las grandes señas de identidad de Almagro.

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Almagro, Berenjena de Almagro, Campo de Calatrava y Feria y Fiestas forman parte de una misma memoria colectiva. La historia de este producto, convertido con el paso del tiempo en una de las señas de identidad de la localidad, está ligada a las familias que comenzaron a comercializarlo, a las primeras fábricas conserveras y a aquellos antiguos puestos de feria que llenaban de vida el Ejido de Calatrava.

Hoy, cuando se acercan las Feria y Fiestas de Almagro, una imagen de la antigua fábrica de berenjenas devuelve la mirada a otro tiempo. Es la fotografía de un Almagro que empezaba a transformarse, cuando el actual Paseo de la Plaza de Toros apenas comenzaba a tomar forma y aquella fábrica se convertía en uno de los elementos reconocibles de aquel paisaje.

Hablar de Almagro es, inevitablemente, hablar de su berenjena. Pero hablar de la Berenjena de Almagro es también hablar de generaciones, de familias, de mercados, de ferias y de una manera de entender la gastronomía que ha pasado de padres a hijos.

Todavía hoy es posible encontrar familias que conservan en sus hogares maneras tradicionales de guisar y aliñar berenjenas, siguiendo recetas y costumbres similares a las de Almagro y el Campo de Calatrava, tanto al norte como al sur de Despeñaperros.

Con el tiempo, además, el nombre quedó estrechamente vinculado a su territorio de producción y elaboración. Actualmente, la denominación Berenjenas de Almagro se refiere a las elaboradas en el Campo de Calatrava que están amparadas por la Indicación Geográfica Protegida (IGP) “Berenjena de Almagro” y sus correspondientes normas de calidad.

De las orzas de barro a las primeras fábricas

La historia del nombre “Berenjenas de Almagro” está vinculada, según la tradición local, a los años posteriores a la Guerra Civil Española.

En la dura posguerra de los años 40, varias familias de Almagro comenzaron a comercializar las berenjenas en orzas de barro, con una capacidad aproximada de 25 kilos.

Los recipientes eran tapados con trozos de saco y yeso y transportados hasta Madrid, donde el producto se vendía a granel.

Entre quienes protagonizaron aquellos primeros desplazamientos aparecen nombres que forman parte de la memoria popular de Almagro, como Valeriano Bella “Cadenas”, Pepe “el Tren” y Antonio Téllez.

Recorrían ferias y mercados pregonando el producto bajo un nombre que terminaría identificándolo en numerosos lugares: “Berenjenas de Almagro”.

A ellos se sumarían posteriormente otros vendedores y familias. Entre los nombres recordados figuran la familia Romero, dedicada a la venta por unidades en ferias y mercados, y la familia Morris, que también comercializaba berenjenas en tiendas y casas particulares de Almagro.

Otros nombres asociados a aquellos primeros tiempos fueron Manuel “el de la Taberna”, “Pierres” y “La Prisca”.

Más allá de las fechas y de los nombres, aquella actividad contribuyó a llevar el producto fuera de su lugar de origen y a consolidar una denominación que acabaría convirtiéndose en una auténtica marca de identidad gastronómica.

1963: el salto hacia el envasado industrial

El siguiente capítulo de esta historia se sitúa en 1963.

Ese año, las berenjenas comenzaron a distribuirse también en garrafas de vidrio de boca ancha, cerradas con corcho.

Pero 1963 guarda otro episodio especialmente relevante: los hermanos Jorreto, desde Aldea del Rey, envasaron por primera vez Berenjenas de Almagro en latas metálicas, sometiéndolas a un proceso de conservación mediante “baño maría”.

Un año después llegaría un paso decisivo.

En 1964 se construyó la primera fábrica con un proceso considerado enteramente industrial, impulsada por tres amigos de Almagro: Manuel Moreno, Rufino González y Vicente Malagón Abad.

Aquel proyecto supuso el inicio de una industria que, pese a atravesar diferentes etapas y altibajos, ha conseguido mantenerse vinculada a la elaboración de la berenjena hasta nuestros días.

La conservera que forma parte de la historia de Almagro

Vicente Malagón Abad, bajo el nombre de Conservera Almagreña, continuó durante los años 70 con la producción de Berenjenas de Almagro.

El relato sitúa en 1984 otro momento importante, con la creación de Vicente Malagón, S.A., empresa que continúa actualmente vinculada a esta actividad.

Así, lo que comenzó décadas atrás con pequeñas ventas en ferias y mercados fue evolucionando hacia una actividad conservera que terminó convirtiéndose en parte inseparable de la identidad económica, gastronómica y social de Almagro.

La historia de la berenjena, por tanto, no puede entenderse únicamente como la historia de un producto alimentario.

Es también la historia de quienes lo cultivaron, lo prepararon, lo vendieron y lo llevaron a otros lugares de España.

El Ejido de Calatrava y aquella fábrica que formaba parte de la Feria

Y entonces aparece otra historia dentro de la historia.

La de la Feria y Fiestas de Almagro y la de un espacio que muchos vecinos de mayor edad recuerdan perfectamente: el Ejido de Calatrava.

Hubo un tiempo en el que este lugar acogía buena parte del ambiente festivo de la localidad. Con el paso de los años, el espacio fue quedándose pequeño para albergar todo el bullicio y la actividad que generaban las fiestas.

Y allí estaba también la antigua fábrica de las berenjenas.

Cuando ya se encontraba en desuso, aquella construcción continuaba formando parte del paisaje de la feria. Servía incluso como telón de fondo para algunos de los chozos y puestos que se instalaban durante las celebraciones.

Para muchos vecinos, aquella fábrica no era simplemente una construcción industrial.

Era un punto de referencia.

Una parte del paisaje cotidiano.

Un escenario de infancia y juventud.

Un lugar que, con el paso del tiempo, terminó desapareciendo de la imagen habitual de Almagro, pero que permanece intacto en la memoria de quienes vivieron aquellos años.

Dos fotografías, un mismo lugar y dos Almagros

La imagen que ahora se rescata permite contemplar aquella antigua fábrica en sus primeros tiempos, cuando el Ejido de Calatrava todavía estaba prácticamente en sus comienzos.

Al fondo comenzaban a levantarse las viviendas que acabarían configurando el entorno del actual Paseo de la Plaza de Toros, un espacio que ha experimentado importantes transformaciones y que recientemente ha sido remodelado.

La comparación con una imagen actual tomada desde el aire permite comprobar hasta qué punto ha cambiado aquel rincón de Almagro.

El punto de partida es el mismo.

El paisaje, no.

Donde antes aparecía la vieja fábrica de berenjenas, hoy se encuentra un entorno urbano completamente diferente. Las construcciones, las calles y los espacios públicos han ido transformando la fisonomía de la zona hasta hacer difícil imaginar cómo era aquel lugar varias décadas atrás.

Por eso, las dos fotografías adquieren un significado especial.

No son solamente dos imágenes de un mismo punto.

Son dos momentos de un mismo pueblo.

Dos Almagros separados por el paso del tiempo.

La memoria de un producto que se convirtió en identidad

La Berenjena de Almagro ha conseguido sobrevivir a generaciones, cambios económicos y transformaciones sociales.

Pero su historia también está hecha de pequeñas historias.

De hombres que viajaban a los mercados con sus orzas de barro.

De familias que preparaban y vendían el producto.

De las primeras latas metálicas.

De aquellas fábricas que comenzaron a transformar una elaboración tradicional en una actividad industrial.

Y también de una vieja fábrica situada junto a un espacio de feria que, mucho tiempo después de quedar en desuso, continúa formando parte de los recuerdos de quienes conocieron aquel Almagro.

Ahora que vuelven a acercarse las Feria y Fiestas, recuperar aquella fotografía es también recuperar una parte de la memoria colectiva.

Porque las localidades cambian. Los edificios desaparecen. Las calles se remodelan y los paisajes urbanos se transforman.

Pero algunas imágenes permanecen.

Y en Almagro, entre esas imágenes está la de aquella vieja fábrica de berenjenas que un día fue testigo de la transformación de un pueblo y que hoy, muchos años después, vuelve a aparecer ante nuestros ojos como una ventana abierta al pasado.

Nuestra historia es el legado del que disfrutamos hoy.

(Agradecimientos a Vicente Malagón, administrador de la firma Vicente Malagón S.A. por las facilidades dadas para realizar este artículo).

Vicente Galiano M.

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