La actriz regresa a las tablas del histórico escenario almagreño junto a Javier Mañón, Gladys Prince y Raúl Calzado en un montaje que rompe la cuarta pared y viaja del verso clásico al humor contemporáneo
El Corral de Comedias de Almagro acogerá el próximo viernes, 9 de octubre, a las 20:30 horas, el estreno de «Creer que un cielo en un infierno cabe», un nuevo montaje escénico que supondrá la vuelta a sus tablas de la actriz Covadonga Calderón y del actor Javier Mañón, acompañados sobre el escenario por Gladys Prince y Raúl Calzado.
La representación propone un viaje por el teatro clásico español, la poesía, el Romancero, el humor y la comedia costumbrista a través de autores y textos que conducen al espectador desde San Juan de la Cruz hasta Calderón de la Barca y los Hermanos Álvarez Quintero.
«El teatro clásico no es un museo; es un volcán en erupción que solo necesita la chispa adecuada para volver a quemar». Esa idea resume el espíritu de un espectáculo que pretende acercar los grandes textos y emociones de la tradición literaria española al público actual sin revestirlos de solemnidad.
Covadonga Calderón: «Vuelvo con la fuerza y la energía que siempre me ha acompañado»
El estreno tendrá además un componente especialmente significativo para Covadonga Calderón, que vuelve al escenario del Corral de Comedias de Almagro con nuevos proyectos en perspectiva.
En declaraciones a Almagro Noticias, la actriz ha mostrado su entusiasmo ante esta nueva etapa profesional.
«Vuelvo con la fuerza y la energía que siempre me ha acompañado, más fuerte, con mucha ilusión y ya no solo centrando mi trabajo en el Corral de Comedias de Almagro, ahora abriendo puertas en otros lugares. Siguiente parada, Granada, Motril, Almuñécar…», señala Covadonga Calderón.
La actriz también ha querido poner nombres propios a quienes compartirán con ella este estreno: Raúl Calzado, Gladys Prince y Javier Mañón, a quien define como «mi compañero de viaje, mi maestro».
«Nos vemos en el Corral de Comedias de Almagro y en breve por Granada», destacó Calderón en sus declaraciones a este digital.
Scaramouche abre las puertas del teatro clásico al espectador de hoy
Uno de los elementos centrales de «Creer que un cielo en un infierno cabe» es Scaramouche, convertido en maestro de ceremonias, bufón e hilo conductor de la representación.
Su mirada irreverente sirve para desmitificar la aparente distancia que separa al público contemporáneo del repertorio clásico. El humor se convierte así en la llave que permite pasar de situaciones reconocibles de la vida cotidiana a algunos de los versos más profundos de la literatura.
El personaje entra desde el patio de butacas y rompe la cuarta pared desde sus primeras intervenciones. Habla directamente al espectador sobre los miedos, las relaciones, los ronquidos, las llaves perdidas, los pies fríos y los pequeños absurdos del amor moderno.
Esa complicidad no desaparece durante la función. El público deja de ocupar únicamente el papel de observador para convertirse también en parte del juego teatral, participando, riendo y reconociéndose en sentimientos y conflictos que, pese al paso de los siglos, continúan formando parte de las relaciones humanas.
Seis bloques para viajar del humor cotidiano a Calderón de la Barca
El montaje articula su recorrido dramatúrgico en seis bloques, entrelazando humor cotidiano, comedia de enredo, poesía, metateatro, danza y teatro clásico.
La representación comienza con la luz de una vela, el sonido de una caja de música y la danza del Pegaso/Caballo, elementos que abren la puerta hacia una dimensión más poética antes de la irrupción de Scaramouche, el particular «bufón del siglo XXI».
Desde ese presente reconocible, la obra avanza hacia la mística y la pasión a través de los versos de «Noche oscura del alma», de San Juan de la Cruz. La palabra se combina entonces con la expresión corporal y con la fuerza plástica del baile flamenco y contemporáneo.
La unión entre verso y movimiento constituye precisamente una de las señas del espectáculo. La palabra articulada comparte protagonismo con el cuerpo, mientras el trabajo poético de la Dama y la danza buscan transformar la representación en una experiencia que trascienda la simple recitación de los clásicos.
Del enredo barroco a las ganas de reñir
El viaje continúa adentrándose en la comedia clásica, con un entremés de enredo barroco inspirado en «La discreta enamorada». Una dama finge bastedad para librarse de un pretendiente en una escena que vuelve a reclamar la complicidad de los asistentes.
Incluso un espectador pasa a formar parte del juego escénico antes de que el episodio desemboque en un ágil duelo de refranes populares.
Tras un recorrido por la lírica del Romancero, la representación salta hasta la comedia costumbrista del siglo XIX con «Ganas de reñir», de los Hermanos Álvarez Quintero.
La escena coloca frente al público a una pareja atrapada en una discusión absurda, alimentada únicamente por el deseo de discutir. El conflicto doméstico y reconocible vuelve a demostrar cómo determinados comportamientos humanos atraviesan épocas y estilos literarios.
Del «¡Ay mísero de mí!» a «La nave de los locos»
El tramo final eleva progresivamente el tono filosófico y poético de la función.
La pantomima de la botella invisible conduce hasta Calderón de la Barca y uno de los versos más reconocibles del teatro del Siglo de Oro: «¡Ay mísero de mí, ay infelice!».
Los personajes terminan cruzándose en un espacio dominado por el desengaño, la reflexión y la poesía hasta desembocar en el cuadro plástico de «La nave de los locos», encargado de devolver la representación a la luz de aquella vela con la que comenzó el viaje.
El resultado pretende establecer un diálogo entre épocas aparentemente distantes: del amor contemporáneo al Barroco, de la mística al sainete, de la carcajada a las preguntas esenciales sobre el ser humano.
«¿Qué es el amor sino un laberinto donde el deseo se viste de gala y la razón salta por la ventana?», plantea la propia sinopsis del espectáculo.
La cita será finalmente el viernes 9 de octubre, a las 20:30 horas, cuando las tablas del Corral de Comedias de Almagro reciban «Creer que un cielo en un infierno cabe», una propuesta que busca demostrar que el teatro clásico puede continuar hablando directamente al espectador contemporáneo cuando el verso, el humor, el cuerpo y la complicidad con el público vuelven a encontrarse sobre un escenario.


