El Ayuntamiento de Almagro ha conseguido un hito importante para el Campo de Calatrava: que el documento fundacional de la Orden de Calatrava, procedente del Archivo Histórico Nacional, sea expuesto en la iglesia de San Agustín. Como todos sabemos, esta institución nacida en nuestra tierra tenía como fin la defensa de los reinos cristianos frente al invasor sarraceno.
Siglos después, esa misma determinación hizo que caballeros pertenecientes a órdenes militares resistieran, entre 1694 y 1727, en el Sitio de Ceuta. Sí, con valentía, soportaron durante treinta y tres años el asedio del sultán Mulay Ismaíl. Y es que para aquellos hombres, ceder Ceuta no entraba en la negociación. Téngase en cuenta que en los siglos XVII y XVIII el hábito de Santiago, Calatrava, Alcántara o Montesa era una distinción que la Corona concedía a menudo como premio por servicios militares prestados.
Hoy, los caballas sufren un nuevo asedio. No mediante balas, cañones o pólvora, sino a través de una constante guerra híbrida que busca asfixiar y desmoralizar a la población ceutí, ante la ceguera e indolencia de parte de nuestra clase política actual en España y en Europa. Y es un orgullo recordar el origen de la Orden de Calatrava. Que sirva como una llamada de atención a quienes han olvidado lo que significa defender España.
Y para recordar cómo se fraguó esa voluntad, reproducimos a continuación el documento íntegro de la fundación de la Orden de Calatrava:
“En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien todos los fieles veneran y adoran en unidad. Puesto que la clemencia de la dignidad regia debe siempre estar ansiosa por complacer a Dios Todopoderoso, en cuya mano se sabe que están los corazones de los reyes, y esforzarse por servirle con piadosa intención, sin la cual no se puede obtener ni un reino terrenal ni adquirir uno eterno, por lo tanto, yo, Sancho, por la gracia de Dios, hijo del ilustre emperador de las Españas, Alfonso de buena memoria, por inspiración divina, hago una carta de donación y otorgo este documento escrito válido a perpetuidad a Dios y a la Bienaventurada María y a la Santa Congregación Cisterciense y a vos, don Raimundo, Abad de Santa María de Fitero, y a todos vuestros hermanos, presentes y futuros, de la villa llamada Calatrava, para que la tengáis y poseáis, libre y tranquilamente, por derecho hereditario, de ahora en adelante para siempre, y la defendáis de los enemigos paganos de la cruz de Cristo con tu ayuda y la nuestra.
Así os digo, os la doy y otorgo con sus límites y montañas, tierras, aguas, prados y pastos, entradas y salidas, y con todos los derechos pertenecientes a la misma ciudad, para que la tengáis y poseáis como herencia, como hemos dicho, vosotros y todos vuestros descendientes, quienes sean de vuestra orden y deseen servir a Dios allí de ahora en adelante a perpetuidad. Y esto lo hago por amor a Dios y por la salvación de mi alma y la de mis padres, y para que Dios sea honrado por medio de vosotros y la religión cristiana se expanda y para que nuestro reino reciba aumento y protección mediante vuestro servicio sumamente grato al Dios Todopoderoso. Si alguien deseara infringir este acto mío iniciado por inspiración divina y esta donación con temeraria audacia sea maldito y excomulgado y sea condenado en el infierno junto con Judas, el traidor del Señor, y que este acto mío permanezca siempre firme.
Hecha esta carta en Almazán en la era 1196, en el mes de enero del año en que murió el señor Alfonso, famosísimo emperador de las Españas. Siendo el rey Sancho de Navarra vasallo del señor rey. Yo, el rey Sancho, confirmo esta carta que he ordenado hacer por mi propia autoridad”.
Corpus Ruiz Fernández

