Antes de relatar los solemnes actos de 1926, estimo conveniente señalar datos que no mencioné en mi primer artículo. Juan Moreno Costoso nació en 1873 en Miguelturra y falleció el 23 de febrero de 1939 en Ciudad Real —de uremia, en la calle Ramón y Cajal, 11— siendo enterrado en el cementerio de Calzada de Calatrava. Pocos años después, el 22 de marzo de 1946, sus restos mortales fueron exhumados y trasladados a la parroquia de Calzada de Calatrava, el templo que él había impulsado y hecho realidad. Fue sepultado frente al altar mayor, quedando señalizado el lugar con una lápida para recordar su figura. Ésta, a comienzos de los años 70, quedó cubierta por las obras que llevó a cabo el nuevo párroco Don Julián. El hecho provocó el descontento de varios vecinos, entre ellos la madre de Marisol —quien sería años más tarde la primera mujer concejal de la actual democracia—. Protestó ante el párroco y manifestó su intención de trasladar lo ocurrido al obispado. Don Julián, para rebajar la tensión, accedió a colocar una placa recordatoria en un lugar cercano al altar. Con el paso del tiempo, dicha placa desapareció, diluyéndose así un testimonio material que mantenía viva la memoria de quien fue el principal artífice del templo. De ahí que considere oportuno que alguien con autoridad en Calzada —eclesiástica o civil— aproveche el centenario de la consagración de la parroquia para volver a recordar a Don Juan Moreno Costoso, y que la juventud lo recuerde nuevamente. Creo que debe quedar inmortalizado en algún lugar de la iglesia.
Tras la terminación de las obras del templo, el 5 de junio de 1926 se celebró la consagración de la parroquia que hoy conocemos y se entronizó una imagen del Sagrado Corazón de Jesús en al ayuntamiento, de la que no sabemos su destino. Narciso de Estenaga, que llegó a las siete de la tarde del día anterior, fue recibido con aplausos y honores por la población y las autoridades civiles y religiosas. Los vecinos que abarrotaban las calles, aplaudiendo al obispo sin cesar, lanzaban pétalos de rosa a su paso desde los balcones decorados para la ocasión. La primera parada fue en el convento de los capuchinos, para depositar las reliquias de san Policarpo y de san Antonino, traídas especialmente de Roma para la ocasión y que serían encerradas en el sepulcro del altar mayor durante el acto de consagración. De ahí partieron a visitar la nueva parroquia y, posteriormente, el obispo fue a la casa de Eloy de Forcallo, donde se alojó. Esa misma noche hubo una verbena, fuegos artificiales y la actuación de la banda de música municipal en el parque municipal, dirigida por Julían Izquierdo. A estos actos asistió el gobernador civil. Durante toda la noche las reliquias fueron veladas y trasladadas en la mañana siguiente en procesión, a hombros de sacerdotes y presididas por el obispo, hasta el nuevo templo, comenzando los actos litúrgicos de la ceremonia de la consagración, a cargo del párroco Juan Moreno Costoso —ayudado por los coadjutores Juan José García y Manuel Harinero—. Las reliquias, encerradas en una urna, fueron depositadas sobre el nuevo altar, colocándose dos candeleros para proporcionar luz. A cada lado de la puerta principal de la parroquia se colocó una cruz y se fijaron doce más en su interior.
El obispo Estenaga dirigió el rito, en su mayor parte en latín como se hacía antes del Concilio Vaticano II, ayudado por el maestro de ceremonias de la catedral, los párrocos de Bolaños, Moral y El Pardillo, dos dominicos de Almagro, el cura nacido en Calzada Miguel Ruiz Pérez —pasionista, director del periódico El Pueblo Manchego y redactor de ABC— y el párroco con los coadjutores de Calzada de Calatrava. En el lado de la epístola se sentaron el gobernador civil, el delegado gubernativo y el alcalde Claudio Racionero. Con la iglesia abarrotada, el sermón del prelado trató sobre el significado de la consagración, los privilegios de los templos consagrados y de los cincuenta días de indulgencia para los fieles que visitaran la iglesia ese mismo día. Estenaga agradeció al pueblo haber sido nombrado hijo adoptivo.
Concluida la consagración, sobre las dos de la tarde asistieron a un banquete en el casino —entre otros, el obispo, el gobernador civil y varias personalidades tanto provinciales como locales—. Los comensales fueron alrededor de ciento cincuenta, que escucharon a la banda municipal interpretar su programa. Al terminar el banquete hubo invitados que tomaron la palabra. Federico Muñoz de León elogió la labor tan abnegada de Juan Moreno Costoso; Miguel Ruiz Pérez afirmó que el párroco había sido el cerebro, el motor y el corazón del templo que se acababa de inaugurar; y el Obispo Estenaga tributó un aplauso entusiasta Juan Moreno, a los albañiles que habían construido la parroquia, al maestro de obras —Fausto de la Calle— y a los que, con su aportación, por mínima que hubiera sido, hicieron realidad el proyecto. Y a continuación, las palabras más interesantes de Juan Moreno Costoso fueron:
«… Elogios y aplausos que los merecen también el arquitecto de las obras [Ignacio de Adama], el maestro ejecutor de las mismas [Fausto de la Calle] y el último peón que en ellas trabajaron, pues con sus salarios módicos y horas extraordinarias de trabajo, sin aumento de jornal, ha podido ser una realidad lo que a alguien le parecía imposible… pido a Dios de todo corazón que esta obra y la que será una realidad en breve plazo, me refiero al colegio para niños pobres [el colegio de monjas franciscanas procedentes de Granada, al lado de la ermita de San Antón], sea el principio de una era de armonía y fraternidad entre vosotros para hacer grande a vuestro pueblo».
En la entronización de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, para ser venerada por los vecinos, el obispo se desplazó al ayuntamiento, donde pronunció una oración y regresó a Ciudad Real. Posteriormente, en el Círculo Agrícola —durante la noche— se celebró un baile. Juan Moreno Costoso recibió muestras de gratitud de sus feligreses por el gran trabajo realizado.
Terminadas las ceremonias de consagración y entronización, el alcalde envió varios telegramas: al secretario de Alfonso XIII y al nuncio del Vaticano en España, Federico Tedeschini. Ambos respondieron al día siguiente. He aquí el contenido de estos mensajes.
Del Alcalde de Calzada de Calatrava al Secretario de S. M., don Emilio María Torres y González Arnao. Éste último supo orientar la Secretaría Particular de Palacio, convirtiéndole —entre junio de 1915 y febrero de 1920— en una institución de notable eficiencia humanitaria a escala global, al fundar la Oficina Pro-Cautivos, cuyo objetivo fue la de intentar localizar civiles y soldados apresados y desaparecidos en la Primera Guerra Mundial, para ponerlos en contacto con sus familias e intentar repatriarlos:
«Secretario particular de Su Majestad. Con motivo consagración templo parroquial y entronización del S. [Sagrado] Corazón de Jesús Ayuntamiento, el pueblo de Calzada de Calatrava entusiasmado y orgulloso eleva a S. M. sentimientos de adhesión inquebrantable y hacen votos por la prosperidad de su católico Monarca, acto presidido por el señor Obispo Prior y señor Gobernador Civil en esta provincia».
Del Alcalde de Calzada de Calatrava al Nuncio en Madrid, Federico Tedeschini:
«Excmo. Sr. Nuncio de su Santidad. Con ocasión de consagrar el templo parroquial de esta ciudad y entronización del S. [Sagrado] Corazón de Jesús en el Ayuntamiento, llenos de júbilo el católico pueblo de Calzada de Calatrava, el Prelado de la Diócesis Obispo Prior de las Ordenes Militares y Gobernador Civil de la provincia, afianza sus sentimientos católicos y de amor y veneración a su Santidad».
La contestación a ambos telegramas se produjo el día siguiente, por parte del secretario de S. M. y del nuncio en Madrid.
Del secretario de S. M.:
«Ordéneme S. M. le diga que ha agradecido muy sinceramente entusiasta telegrama que le dirigen motivo entronización del Sagrado Corazón en ese Ayuntamiento.
Se une a V. para hacer fervientes votos por la dicha de España y por la prosperidad de ese pueblo».
Del Nuncio:
«Felicito cordialmente Obispo Prior y pueblo Calzada Calatrava por consagración templo parroquial y entronización Sagrado Corazón.
Agradezco devotos sentimientos veneración, amor augusto Pontificio, envío prenda celestiales favores efusiva bendición».
Este inmenso esfuerzo desplegado para dotar a Calzada de Calatrava de una parroquia digna no fue una iniciativa aislada en la trayectoria de Juan Moreno Costoso. Años después, y en estrecha colaboración con el obispo prior Narciso de Estenaga, el párroco calzadeño desempeñó un papel decisivo en otro proyecto de alcance aún mayor: evitar que el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, joya histórica y espiritual del Campo de Calatrava, cayera definitivamente en manos privadas —las de Juan de las Bárcenas y Tomás Salvany, inmortalizado en un conocido retrato al óleo, conservado en el Museo Nacional del Prado, junto con sus dos hermanos—, y quedara condenado al abandono o a la pérdida irreparable de su significado, como lo está hoy el Castillo de Salvatierra. Moreno Costoso y Estenaga comprendieron que la salvaguarda del Convento no era solo una cuestión religiosa, sino un deber hacia la historia, el patrimonio y la identidad colectiva de toda la comarca. En el marco de aquellas gestiones, ambos llegaron a entrevistarse, el 18 de mayo de 1928, con el ministro de Hacienda José Calvo Sotelo, cuya intervención resultó clave para desbloquear la compleja situación jurídica y patrimonial del monumento, prometiendo —por juzgar ser de justicia y beneficio para los intereses del Estado— prestar la mayor atención a este asunto. Gracias a esa acción conjunta, perseverante y discreta, el Sacro Convento pudo finalmente ser recuperado para el interés público y declarado Monumento Nacional —a los pocos días de comenzada la Segunda República—, asegurando su conservación y su proyección para las generaciones futuras. Con la ayuda de Calvo Sotelo, el expediente sobre el Sacro Convento llegó al Consejo de Estado, que dictaminó que era propiedad de Estado: sólo un voto en contra. Entre los consejeros que votaron a favor estaba el socialista Francisco Largo Caballero.
Cabe, por tanto, una reflexión final. Si en Malagón se recuerda a José Antonio Primo de Rivera como “Abogado José Antonio” en una de sus calles, en reconocimiento a su actuación profesional en defensa de los agricultores, en el pleito de los Estados del Duque de Medinaceli, ¿no sería igualmente razonable que en Calzada de Calatrava, en Aldea del Rey, en Almagro o en cualquier localidad del Campo de Calatrava —íntimamente vinculadas al Sacro Convento— se dejara constancia de la decisiva intervención del entonces ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo, cuya gestión permitió salvar el Convento de la Calatrava la Nueva de la ruina y de la pérdida definitiva? A estos pueblos puede añadirse, ¿por qué no?, la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava, ya que entre sus fines está los de recuperar y poner en valor los valores culturales del Campo de Calatrava, así como impulsar y fomentar la investigación y la divulgación de la cultura calatrava.
Ese recuerdo podría materializarse, sin carga ideológica alguna, mediante una placa explicativa, la denominación de un espacio público secundario, o cualquier otro elemento informativo que ayude a los ciudadanos a conocer cómo la actuación conjunta de responsables eclesiásticos y civiles hizo posible la conservación de uno de los principales símbolos históricos y patrimoniales del Campo de Calatrava, hoy patrimonio común de todos. Y al nombre de Calvo Sotelo, sin lugar a duda, podemos añadir el del rey Alfonso XIII, que fue otra figura clave en el apoyo al proyecto del Sacro Convento.

