El Ayuntamiento de Almagro, situado en el lado este de la emblemática Plaza Mayor de Almagro, continúa siendo uno de los grandes referentes patrimoniales, históricos y arquitectónicos de Castilla-La Mancha y uno de los edificios civiles más representativos de la provincia de Ciudad Real. Su imponente presencia domina uno de los conjuntos urbanos más singulares de España y simboliza siglos de historia vinculados al poder político, económico y cultural de la histórica villa calatrava.
La actual sede consistorial constituye mucho más que un edificio administrativo. Su evolución arquitectónica refleja el esplendor de Almagro desde la Edad Media, el auge económico experimentado durante los siglos XVI y XVII y la profunda transformación urbanística que convirtió a la localidad en uno de los grandes enclaves monumentales del interior peninsular. El inmueble forma parte esencial del conjunto declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1972, reconocimiento que consolidó definitivamente a la ciudad como uno de los grandes destinos turísticos y culturales de España.
La historia del consistorio está estrechamente ligada al crecimiento de la villa bajo el dominio de la Orden de Calatrava, institución que convirtió a Almagro en uno de sus principales centros de poder desde el siglo XIII. Ya en el siglo XIV existían las primitivas Casas del Concejo, levantadas tras la consolidación de las murallas de la villa y destinadas a centralizar la administración local.
El edificio actual comenzó a configurarse durante el siglo XVI, etapa de máximo esplendor económico y urbano para la ciudad. Fue entonces cuando la Plaza Mayor adquirió gran parte de su configuración definitiva, marcada por la influencia arquitectónica centroeuropea y flamenca introducida por los célebres banqueros alemanes Fugger, establecidos en la localidad durante el reinado de Carlos V para gestionar la explotación de las minas de mercurio de Almadén.
El Ayuntamiento quedó integrado en ese extraordinario espacio urbano porticado que hoy constituye uno de los iconos visuales más reconocibles de España. Su ubicación estratégica, prácticamente ocupando uno de los lados menores de la Plaza Mayor y junto a las principales vías históricas de acceso a la localidad, lo convirtió desde entonces en un punto neurálgico de la vida institucional y social de la villa.
A lo largo de los siglos, el edificio sufrió importantes reformas y transformaciones que modificaron sustancialmente su aspecto original. Una de las actuaciones más relevantes llegó en el siglo XIX, concretamente en 1865, cuando el prestigioso arquitecto Cirilo Vara y Soria acometió una profunda remodelación del inmueble. Aquella intervención otorgó al consistorio una nueva imagen de inspiración neoclásica y elevó el edificio hasta alcanzar tres plantas, alterando notablemente la fisonomía tradicional de la plaza.

La reforma decimonónica introdujo una fachada monumental y elegante que reforzó el carácter institucional del edificio. La estructura pasó a exhibir una imponente composición de piedra sillar, grandes balconadas y una presencia arquitectónica destinada a subrayar la importancia política del Ayuntamiento dentro de la vida de la ciudad.
En la actualidad, la fachada continúa destacando por su monumentalidad y por una estética singular que mezcla elementos manieristas y neoclásicos perfectamente integrados en el entorno histórico. El edificio dispone de tres accesos diferenciados y una planta baja decorada con ventanas protegidas por rejas tradicionales. En el balcón principal sobresale el gran escudo con las antiguas armas municipales, auténtico símbolo de la identidad histórica de Almagro.
Uno de los elementos más reconocibles del conjunto es la característica torre del reloj situada en el ángulo superior izquierdo del edificio. Sobre ella emerge una singular estructura de hierro forjado destinada a sostener la campana histórica procedente del antiguo Convento de Santa Catalina de los Frailes Franciscanos, fechada en el año 1798. Esta torrecilla constituye hoy uno de los perfiles más fotografiados de la Plaza Mayor y un emblema inseparable de la imagen urbana de Almagro.
Sin embargo, la transformación más radical del Ayuntamiento llegó durante el siglo XX. Entre 1960 y 1967 se desarrolló una ambiciosa reconstrucción integral dirigida por el prestigioso arquitecto restaurador Francisco Pons-Sorolla, figura fundamental de la arquitectura monumental española de posguerra. La actuación fue promovida por la Dirección General de Arquitectura del entonces Ministerio de la Vivienda y perseguía un objetivo muy concreto: devolver a la Plaza Mayor su unidad estética original del siglo XVI.
Pons-Sorolla consideraba que las reformas del siglo XIX habían roto la armonía visual del conjunto urbano. El arquitecto identificó especialmente la tercera planta añadida por Cirilo Vara y Soria como un elemento desproporcionado que alteraba el equilibrio arquitectónico de la plaza. Por ello, una de las decisiones más trascendentales fue la demolición de ese piso superior para recuperar una escala coherente con las galerías porticadas y las viviendas tradicionales del entorno.
La intervención apostó por una reconstrucción de carácter historicista basada en el denominado “restauro pintoresco”, corriente que buscaba recuperar la apariencia estética renacentista sacrificando elementos añadidos en épocas posteriores. Se rediseñó la fachada mediante una espectacular composición de piedra de sillería y se adaptó el inmueble al lenguaje arquitectónico predominante de la Plaza Mayor.
El resultado fue un edificio de apariencia manierista, deliberadamente asimétrico y perfectamente integrado en el conjunto monumental. Esa ruptura intencionada de la simetría puede apreciarse en la disposición desigual de los cuerpos laterales, en la colocación del escudo de armas y en el diseño de los accesos y balcones. Lejos de generar desorden visual, esta solución aporta naturalidad y armonía al conjunto arquitectónico.
La actuación de Francisco Pons-Sorolla fue decisiva para la posterior declaración de Almagro como Conjunto Histórico-Artístico en 1972. La remodelación integral de la Plaza Mayor y del Ayuntamiento impulsó un profundo proceso de recuperación patrimonial que consolidó a la localidad como una de las ciudades históricas mejor conservadas de Castilla-La Mancha.
Los planos y proyectos originales elaborados entre 1960 y 1967 se conservan actualmente en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, donde continúan siendo objeto de estudio por especialistas en restauración monumental y urbanismo histórico.
En el interior del Ayuntamiento se custodian además algunos de los tesoros históricos más importantes de la ciudad. Entre ellos sobresale la célebre lápida fundacional romana del puente de Baebio, vinculada al antiguo puente de Zuqueca, una pieza arqueológica de enorme valor histórico que testimonia la presencia romana en el territorio. Junto a ella se conserva una bala de cañón procedente de la histórica Batalla de Lepanto, elemento singular que conecta el patrimonio municipal con uno de los episodios militares más trascendentales de la historia europea.
Actualmente, el edificio continúa ejerciendo plenamente sus funciones institucionales y administrativas, circunstancia que añade un extraordinario valor simbólico al inmueble. A diferencia de otros edificios históricos convertidos exclusivamente en espacios museísticos, el Ayuntamiento de Almagro mantiene viva su función original como centro político y administrativo de la ciudad.
La combinación entre historia, monumentalidad y funcionalidad convierte al Ayuntamiento de Almagro en una pieza esencial para comprender la evolución urbana y cultural de la villa. Su fachada, sus reformas, sus símbolos heráldicos y sus tesoros interiores resumen siglos de historia española y reflejan la capacidad de la ciudad para conservar intacta la memoria de su pasado mientras continúa proyectándose como uno de los grandes destinos turísticos y culturales del país.
Vicente Galiano M.



