En Calzada de Calatrava, el nombre de Juan Moreno Costoso apenas es conocido por la mayoría de los vecinos —y mucho menos por la juventud—, a pesar de la labor que hizo y que supuso grandes hitos en la historia reciente del pueblo. Por lo que aprovecho el centenario de la consagración de la parroquia, que se conmemora el 5 de junio próximo, para recuperar su figura y ponerlo nuevamente en primer plano. Este aniversario ha sido el impulso definitivo para abordar el tema en dos artículos, el primero de los cuales se centra en la figura del párroco Juan Moreno Costoso y en el largo y complejo proyecto que condujo a la reedificación de la parroquia de Calzada de Calatrava. Los tres grandes proyectos que marcaron un antes y un después en la vida religiosa, social y cultural de Calzada fueron: la reedificación de la actual parroquia, la creación de un colegio de monjas —Terciarias Franciscanas— y el ambicioso plan —junto al obispo Narciso de Estenaga— para recuperar el Sacro Convento de Calatrava la Nueva de manos privadas y lograr su declaración como Monumento Nacional. Tres proyectos que obedecen a una misma visión de concebir su ministerio como una obra integral al servicio de la fe, de la educación y de la historia.
Cuando Juan Moreno Costoso llegó a Calzada de Calatrava ya contaba con una sólida experiencia pastoral —había pasado por Villanueva de los Infantes, Almagro y Terrinches— y se encontró con una parroquia en muy mal estado. El antiguo templo parroquial había sido destruido durante la Primera Guerra Carlista y el edificio que entonces hacía sus veces, que fue la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, resultaba claramente insuficiente y necesitaba una profunda restauración. Durante los primeros años, el párroco observó detenidamente la realidad local, consciente de que una empresa de tal envergadura sólo podría salir adelante si lograba implicar al conjunto del pueblo. No actuó con improvisación, sino que fue preparando el terreno, tejiendo relaciones y calibrando las posibilidades reales de una obra que debía ser necesariamente colectiva.
Su primer gran proyecto, la reedificación de la parroquia, comenzó formalmente el año 1922, momento en el que movilizó todos los recursos a su alcance. Contactó con figuras relevantes de la política provincial y nacional —como el marqués de Borghetto, propietario de la Encomienda de Sacristanía y senador y diputado por Ciudad Real— consiguiendo el apoyo económico del ayuntamiento para el inicio de las obras. Al mismo tiempo, promovió la creación de una comisión integrada por autoridades civiles, propietarios locales y representantes sociales, demostrando una notable habilidad para integrar sensibilidades diversas en torno a un objetivo común que trascendía intereses particulares.
El verdadero punto de inflexión de este proceso fue el manifiesto que Juan Moreno Costoso tituló Calzada no tiene templo, un texto de enorme fuerza retórica y valor histórico, con el que logró llegar a los corazones de muchos calzadeños y despertar una conciencia colectiva favorable a la obra. El manifiesto decía lo siguiente:
«¡Calzada sin Parroquia! ¡No tenemos iglesia! Mil y mil veces hemos oído esta afirmación, y con profundo dolor nos hemos hecho eco de la misma. Este aserto no dice solamente que no se han enfriado en nosotros los sentimientos religiosos, que con tanto fervor hicieron latir los generosos pechos de nuestros mayores, que supieron cristalizar sus ideas en el antiguo magnífico templo parroquial, cuyas ruinas no podíamos contemplar sin anegarnos en tristeza por la tragedia que nos recuerda, sino el vivo deseo que todos sentimos de terminar la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, convirtiendo su pequeña ermita en decoroso y amplio templo. Es triste cosa que un pueblo, a quien Dios Nuestro Señor se complace en dotarle de condiciones inmejorables para su prosperidad y riqueza, ofrezca por palacio al Autor de sus grandezas una pobre y miserable ermita. Desgarra el alma contemplar a la Virgen de nuestros amores, cuya devoción nos hicieron sentir nuestras madres antes que nuestros labios supieran balbucir su bendito nombre, colocada en pobrísima hornacina. Es en extremo triste y desconsolador, que ese templo, testigo de nuestras mayores y más santas emociones de dolor y alegría, en el que se elevan al cielo fervientes preces, a fin de que brille la luz perpetua para nuestros antepasados, y en el que se bendice vuestro matrimonio, en el que son lavados vuestros hijos de las inmundicias del pecado original, en las regeneradoras aguas del Bautismo, en el que se disipan las tinieblas de nuestra inteligencia con los fulgores que irradia el Evangelio, en el que encontramos paz y tranquilidad para nuestras conciencias mancilladas con horribles culpas, y en el que tantas veces hemos sentido las inefables delicias de la unión íntima con Cristo en la Sagrada Comunión, es muy triste y lamentable en efecto, que ese templo sea pobrísimo e insuficiente para cobijar bajo sus bóvedas siquiera a una quinta parte de los habitantes de Calzada: máxime siendo Calzada un pueblo rico y floreciente que cuenta con medios abundantes para levantar desde sus cimientos un templo parroquial, que fuera la admiración de la provincia por su majestad y grandeza.
Persuadidos que todos los hijos de Calzada abundan en los mismos sentimientos que nosotros, conceptuamos innecesario aducir mil razonamientos, que por otra parte tampoco ignoráis, para convencerlos de la imperiosa necesidad de ampliar y reformar la ermita de Ntra. Señora de los Remedios; pues, si no logramos el templo que corresponde al pueblo que nos vio nacer, dado su vecindario y florecimiento, a lo menos aumentaremos notablemente su capacidad y procuraremos embellecerlo y decorarlo convenientemente, pues que el afecto que debe latir en todo pecho cristiano hacia su Creador y Señor nos impulsa irresistiblemente a procurar en su morada la mayor decencia, comodidades y ornato posibles. Nos creemos con fuerzas suficientes para realizar nuestra empresa; no olvidamos que es obra en la que está interesada la mayor gloria de Dios, con cuyo auxilio decía el Apóstol que todo se puede; obra anhelada y largos años deseada por vosotros, y por vuestros mayores; y dada vuestra generosidad y entusiasmo religioso, jamás desmentido, esperamos que cooperéis a su realización con vuestro dinero y trabajo.
¡Arriba los corazones, hijos de Calzada! Acordaos que en la omnipotencia mano de Dios está la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, que una sola palabra le basta para que benéfica lluvia fecunde vuestros campos y multiplique vuestras cosechas, o siniestra plaga haga inútiles vuestros sudores y afanes. Demos todos elocuente prueba de generosidad, y procuremos legar a las generaciones venideras un monumento que inmortalice nuestra fe y nuestro nombre, y les diga cuánto puede una buena voluntad bien dirigida. De vosotros solicitamos para el feliz éxito de esta empresa Oraciones, Dinero y Trabajo; y Dios Nuestro Señor, que desde la inconmensurable altura de los cielos todo lo observa, nos premiará con creces todos los dispendios y sacrificios hechos en su honor.
Firmado: Juan Moreno Costoso, párroco presidente; Bibaldo García, alcalde vicepresidente; Eloy del Forcallo, tesorero; Joaquín Maldonado; caballero de Calatrava; Ciriaco López, vicepresidente de la Comisión Provincial; Enrique Villalón y Eusebio Ciudad, propietarios vocales.
Calzada de Calatrava, octubre de 1922.
Este manifiesto dejaba claro que, además de la necesidad de reunir fondos económicos, la empresa requería también trabajo, sacrificio y oración. La respuesta de los calzadeños fue inmediata: comenzaron las aportaciones económicas, se organizaron los trabajos y se produjo una profunda transformación urbana que incluyó la limpieza del antiguo cementerio y la creación de un nuevo parque. Incluso surgió la idea, que finalmente no se llevó a cabo, de erigir un monumento en memoria de los caídos en la Primera Guerra Carlista, por los hechos acaecidos en febrero de 1838 que produjeron el incendio de la antigua parroquia de Nuestra Señora del Valle, sin distinción ideológica alguna. Era una propuesta claramente orientada a la memoria y a la reconciliación.
A partir de este momento, y tras varios años de trabajo constante y de esfuerzo compartido por el párroco, las instituciones locales y los vecinos de Calzada de Calatrava, la obra emprendida en 1922 llegaría por fin a su culminación. La finalización del templo abriría paso a una etapa de especial significación para el pueblo, marcada por la solemne consagración de la nueva parroquia, los actos religiosos y civiles que la acompañaron y el reconocimiento público a la figura de Juan Moreno Costoso. De todo ello se dará cuenta en la continuación de este trabajo.

