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viernes, mayo 8, 2026

La Virgen que forjó el alma de Almagro

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La historia de la Virgen de las Nieves, patrona de Almagro, constituye uno de los relatos más fascinantes del patrimonio religioso, cultural e histórico de Castilla-La Mancha. La devoción mariana que durante siglos ha marcado la vida espiritual de la ciudad encajera hunde sus raíces en una tradición universal nacida en la Roma del siglo IV y extendida posteriormente por Europa y América hasta alcanzar una extraordinaria dimensión popular en el corazón del Campo de Calatrava.

La tradición sitúa el origen de esta advocación durante el pontificado del papa Liberio, entre los años 352 y 356, cuando un acaudalado matrimonio romano, que no había tenido descendencia y había dedicado su vida a la caridad, pidió consejo a la Virgen María sobre el destino de su fortuna. Según la leyenda, la Virgen se apareció en sueños tanto al matrimonio como al propio pontífice indicando el lugar donde debía levantarse un templo en su honor. La señal sería tan extraordinaria como milagrosa: una nevada en pleno verano romano que delimitó el espacio sagrado donde se construiría la iglesia. Aquella primitiva construcción daría lugar posteriormente a la actual basílica de Basílica de Santa María la Mayor, reedificada en el año 434 por el papa Sixto III y convertida desde entonces en uno de los grandes centros de la devoción mariana del cristianismo occidental.

La llegada de este culto a tierras manchegas se consolidó siglos después, aunque en Almagro la primera patrona no fue la Virgen de las Nieves, sino la Virgen de los Llanos, profundamente vinculada a la Orden de Calatrava y venerada desde finales del siglo XIII o comienzos del XIV. Su ermita se encontraba en el espacio que hoy ocupa el colegio Miguel de Cervantes, en la actual calle de Franciscas. Aquella advocación estuvo estrechamente ligada a los caballeros calatravos y a la fundación hospitalaria impulsada por Isabel de Casas, esposa de Pedro Girón.

Talla de la Virgen de los Llanos que se encuentra en la Iglesia de San Bartolomé de Almagro

El conflicto surgido posteriormente entre las religiosas franciscanas y los calatravos por el control del hospital provocó importantes cambios en la organización asistencial y religiosa de la ciudad. Los hospitalarios de San Juan trasladaron el hospital a la calle San Agustín y con él viajó también la antigua patrona. Paralelamente, durante el siglo XVI comenzó a crecer con fuerza la devoción a la Virgen de las Nieves, mientras el fervor hacia la Virgen de los Llanos disminuía progresivamente hasta desaparecer prácticamente su cofradía en torno a 1762.

El origen exacto del Santuario de la Virgen de las Nieves continúa rodeado de incógnitas históricas, aunque existen indicios de la existencia de una pequeña ermita ya en el siglo XIII. La primera documentación conocida data de 1428 y hace referencia a un pleito entre las villas de Almagro y Bolaños de Calatrava por el aprovechamiento del ejido del santuario. Este litigio, resuelto favorablemente para ambas poblaciones, explicaría que el enclave quede situado entre ambos términos municipales.

El santuario se alza en la dehesa de Torrovilla, a unos ocho kilómetros de Almagro, junto a la carretera CM-4107, en un enclave natural singular asociado incluso a un antiguo maar volcánico del Campo de Calatrava. El conjunto arquitectónico posee un enorme valor histórico y artístico y constituye uno de los grandes referentes patrimoniales de la provincia de Ciudad Real.

La gran transformación del santuario llegó de la mano de la poderosa familia Bazán. La tradición señala que el gran marino español Álvaro de Bazán y Guzmán se encomendó a la Virgen durante la Batalla de Lepanto, atribuyéndole su protección frente al Imperio Otomano. Sería posteriormente su hijo, Álvaro de Bazán y Benavides, quien impulsaría definitivamente la reedificación del templo.

Los libros de actas recogen el célebre episodio en el que el segundo marqués de Santa Cruz, de camino hacia Andalucía para combatir a los turcos, quedó impresionado al contemplar el deterioro de la antigua ermita donde se veneraba a la patrona de una ciudad tan poderosa y próspera como Almagro. Según la tradición oral, prometió entonces levantar un templo digno si regresaba victorioso de la guerra. Tras sus éxitos militares, cumplió su palabra.

Las obras comenzaron oficialmente el 20 de abril de 1637 y concluyeron en 1641 con un coste cercano a los 62.770 reales. El edificio, atribuido por diversos investigadores al arquitecto Nicolás de Vergara el Mozo, representa uno de los mejores ejemplos del primer barroco desornamentado manchego. El templo presenta planta de cruz latina, una sola nave cubierta con bóveda de cañón y una gran cúpula decorada con los escudos de los Bazán, Benavides, Guzmán y Manrique.

Uno de los espacios más admirados del conjunto es el espectacular camarín de la Virgen, construido en 1676 gracias a las donaciones de joyas y dinero realizadas por los miembros de la hermandad y los devotos. Decorado con pinturas barrocas y cerámica talaverana, este espacio constituye una joya artística del barroco manchego. Parte de sus pinturas fueron reconstruidas en el siglo XIX por los hermanos Luna, célebres pintores almagreños responsables también del programa iconográfico del Teatro Principal.

El santuario fue adquiriendo una enorme relevancia social y religiosa durante los siglos XVI y XVII. Entre los miembros de la hermandad figuraban algunas de las familias más importantes de la nobleza local y nacional, incluyendo los Oviedo, Maldonado, Molina, Lara, Juren y los propios marqueses de Santa Cruz. La cofradía llegó a poseer un extraordinario patrimonio integrado por cálices, alhajas, brocados, tierras y bienes inmuebles, símbolo del enorme arraigo que la Virgen tenía entre los almagreños.

La historia del santuario dio un giro sorprendente en el siglo XVIII con la construcción de una singular plaza de toros adosada al templo, convirtiendo el recinto en uno de los ejemplos más característicos de las llamadas plazas-santuario. Las obras comenzaron en 1770 y generaron una intensa división dentro de la hermandad. Algunos diputados consideraban escandaloso emplear recursos religiosos en la construcción de un coso taurino, mientras otros defendían que las capeas y festejos populares estimularían la devoción y atraerían fieles.

Pese a las protestas lideradas por José Domínguez, el proyecto salió adelante. La plaza, de forma poligonal aunque aparentemente circular desde el exterior, quedó terminada a finales del siglo XVIII y se convirtió en el primer coso de mampostería de Almagro, un siglo antes de la plaza de la Cuerda. A lo largo de su historia acogió a importantes figuras del toreo y se transformó en uno de los espacios más emblemáticos de las romerías de la patrona.

La devoción popular hacia la Virgen de las Nieves sobrevivió incluso a la desaparición temporal de la hermandad en 1676. El Ayuntamiento asumió entonces la custodia de los bienes y de la imagen, mientras la patrona continuaba protagonizando algunos de los momentos más relevantes de la historia local. Tras el terremoto de Lisboa de 1755, por ejemplo, la Virgen fue trasladada en solemne procesión a la iglesia de Madre de Dios en acción de gracias por la escasa incidencia del seísmo en Almagro. Aquel acontecimiento dio origen al tradicional traslado otoñal de la patrona, que todavía hoy marca el calendario emocional y religioso de la ciudad.

La refundación oficial de la hermandad se produjo en 1768 tras un largo pleito ante el Consejo de las Órdenes Militares. La nueva cofradía experimentó un crecimiento espectacular y llegó a reunir casi doscientos hermanos procedentes no solo de Almagro, sino también de localidades como Valdepeñas, Moral de Calatrava o Manzanares.

La Guerra de la Independencia provocó importantes saqueos y pérdidas patrimoniales en el santuario, aunque el episodio más dramático llegaría durante la Guerra Civil española. En agosto de 1936 la imagen original de la Virgen fue quemada junto a otras numerosas tallas e imágenes religiosas de la ciudad en un clima de fuerte violencia anticlerical. La destrucción de la patrona dejó una profunda huella emocional entre los almagreños.

El dominico almagreño padre Bienvenido Arenas Herrera impulsó entonces una extraordinaria campaña de reconstrucción de la imagen desde Sevilla, reuniendo fondos entre exiliados y familias devotas. Gracias a aquella iniciativa pudo encargarse una nueva talla inspirada en la desaparecida, que llegó triunfalmente a Almagro el 20 de octubre de 1939 entre multitudinarios actos religiosos, procesiones, fuegos artificiales, festivales taurinos y celebraciones populares.

Otro de los momentos más trascendentales de esta devoción se produjo con la coronación canónica de la Virgen el 20 de octubre de 1929. El acto estuvo presidido por el nuncio apostólico Federico Tedeschini y contó con la presencia del infante don Jaime de Borbón, hijo de Alfonso XIII, además de numerosas autoridades civiles, militares y religiosas. La espectacular corona, elaborada por el prestigioso orfebre madrileño Félix Granda con joyas donadas por familias almagreñas, estaba realizada en oro y platino y adornada con cientos de brillantes, perlas, rubíes y piedras preciosas.

Tras la destrucción de aquella corona durante la Guerra Civil, una nueva coronación tuvo lugar en 1943, símbolo del renacimiento espiritual y patrimonial de la hermandad después del conflicto.

Hoy, la Virgen de las Nieves continúa siendo el gran símbolo identitario de Almagro. Su santuario, declarado Bien de Interés Cultural, sigue acogiendo multitudinarias romerías y celebraciones religiosas que reúnen cada año a miles de fieles y visitantes.

Especial relevancia tiene la Romería de Mayo, celebrada el segundo fin de semana del mes, así como la gran festividad del 5 de agosto, cuando centenares de personas llenan la explanada del santuario en una de las noches más emblemáticas del calendario manchego. El tradicional traslado de la imagen desde el santuario hasta la parroquia de Madre de Dios durante el otoño continúa siendo uno de los acontecimientos más esperados y emotivos para generaciones enteras de almagreños.

La historia de la Virgen de las Nieves representa, en definitiva, más que una tradición religiosa. Constituye la memoria viva de un pueblo, el reflejo de siglos de identidad colectiva y uno de los patrimonios espirituales, culturales y artísticos más valiosos de Castilla-La Mancha.

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