Gemma Arenas tiene la culpa a sus 47 años. La culpa de no llamarse Marc Cucurella, Ferran Torres o Lamine Yamal. La culpa de no jugar 90 minutos, sino de correr durante más de siete horas. La culpa, quizá, de haber nacido en La Mancha, en Almagro, donde las hazañas todavía parecen necesitar un poco más de tiempo para ser reconocidas.
Este domingo, con muchísimo sufrimiento, Gemma Arenas se colgó el bronce mundialista en los 100 kilómetros, estableció un nuevo récord de España absoluto con 7:17:50 y, como si semejante barbaridad deportiva no fuera suficiente, batió también el récord mundial de la categoría W45, para mujeres de entre 45 y 49 años. Rebajó en más de tres minutos su anterior plusmarca nacional, lograda en Málaga, y con sus tres compañeras de formación firmó otro hito. Con Estefanía Unzu, Verdeliss, sexta y madre de 8 hijos; María Romero, decimosegunda, y Carmen María Pérez, decimoquinta, sumaron un tiempo de 22 horas y 20 minutos, lo que supuso la medalla de plata por equipos.
Todo eso lo hizo Gemma en Ames, en A Coruña, en un campeonato del mundo que obligó a los atletas a completar veinte vueltas a un circuito de prácticamente cinco kilómetros.
La Real Federación Española de Atletismo lo puso fácil después. Difundió una nota de prensa al rato de terminar el campeonato, sobre la hora de comer, cuando faltaba poco para empezar un gran derbi futbolístico. En las redacciones, solamente había que copiar, cortar y pegar. Sencillo. Pero la noticia, más allá del mundo del atletismo y regional, apenas ha tenido repercusión mediática nacional a esta hora.
Tampoco fueron especialmente rápidos los asesores de Emiliano García-Page. El presidente de Castilla-La Mancha no publicó su mensaje de reconocimiento en ‘X’ hasta pasadas las siete de la tarde. Sin embargo, de Milagros Tolón -ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, además de paisana castellanomanchega de Arenas-, no vi rastro digital a esa hora. Puede parecer un detalle menor, pero resulta significativa la poca dimensión mediática que alcanzó la noticia durante la tarde y entrada la noche.
Quizá Gemma tenga la culpa, porque en España sí sabemos convertir un gol balompédico en una epopeya nacional. Sabemos analizar durante horas un partido, repetir una jugada desde quince ángulos distintos, entrevistar al protagonista, al entrenador, al compañero y hasta al vecino que vio pasar el autobús del equipo. Y está bien. El fútbol forma parte de nuestra cultura deportiva y tiene una enorme capacidad de movilización. Pero mientras tanto, una atleta de Almagro corre 100 kilómetros, se cuelga dos medallas en un mundial, bate el récord de España absoluto, establece un récord mundial de su categoría. Y el eco apenas alcanza las páginas especializadas.
Hay algo profundamente quijotesco en todo esto. Porque Gemma Arenas es manchega, y correr 100 kilómetros parece, en cierto modo, una empresa digna de aquel hidalgo que confundía molinos con gigantes. Sólo que aquí no hay molinos imaginarios: hay kilómetros reales, fatiga real, dolor real y una capacidad de sacrificio que no admite atajos. Don Quijote cabalgó por La Mancha dispuesto a enfrentarse a gigantes. Gemma Arenas ha salido de La Mancha para enfrentarse al cronómetro. Y esta vez el gigante sí existía: eran los 100 kilómetros.
Su trayectoria, además, no necesita adornos. Su currículum deportivo habla por ella. Sin embargo, el reconocimiento mediático sigue sin guardar proporción con la dimensión de sus logros. No se trata de restar una sola portada al fútbol. Se trata de preguntarnos por qué algunas gestas deportivas ocupan horas de televisión y otras apenas unos minutos. Por qué conocemos perfectamente los nombres de quienes marcan un gol y, en cambio, desconocemos a quienes escriben páginas extraordinarias de la historia del atletismo español.
Gemma Arenas, la reina española de las carreras de montaña, no necesita que la conviertan en futbolista. Sólo que la tratemos como lo que es: una campeona capaz de hacer algo extraordinario. Y sí, Gemma tiene la culpa. Sobre todo, la culpa de haber vuelto a demostrar que en La Mancha todavía nacen gigantes. Pero en su región y en su país tiene más repercusión mediática un partido de regional. El periodismo, amigo Sancho.
Manuel Moreno
manolonoticias.es

