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domingo, mayo 24, 2026

Dos grafitos miran, desde el Museo del Prado, a Calzada de Calatrava

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Es el anterior artículo —donde hago referencia a un cuadro de El Museo del Prado relacionado con el Sacro Convento de Calatrava— el que ha dado origen a éste. Y todo por hacer una pregunta en el grupo de Facebook que administro: Calzada de Calatrava y su historia. Fue la siguiente: ¿Qué cuadro hay en el Museo del Prado que está relacionado con nuestro pueblo? Un participante, muy inteligente, dio una respuesta que no era la que yo esperaba, y se refería a un grafito, de Carlos de Haes, denominado Castillo de Salvatierra. Mi curiosidad me llevó a investigar y localizar otro grafito más, del mismo pintor, cuyo título es Castillo de Salvatierra y convento de Calatrava.

Por tanto, en las colecciones de dibujos del Museo del Prado se conservan, poco conocidos por el público, dos pequeños, pero extraordinarios grafitos de Carlos de Haes realizados en 1865. Ambos miden 104 x 172 mm y fueron dibujados desde la Encomienda de Sacristanía, en el término municipal de Calzada de Calatrava. Actualmente, como se puede comprobar en la página del Museo del Prado, no están expuestos al público.

En 1865 la finca pertenecía ya a José Ceriola Flaquer, hijo de Jaime Ceriola —senador y banquero catalán que había adquirido la Encomienda tras la desamortización de Mendizábal y que falleció en 1863—. Es muy probable que José Ceriola Flaquer invitara o facilitara el acceso a Carlos de Haes a su finca, permitiéndole alojarse en ella para trabajar con tranquilidad desde uno de los mejores puntos en los que se divisan ambos castillos.

Carlos de Haes (Bruselas, 1826 – Madrid, 1898) está considerado como uno de los grandes renovadores del paisaje español en el siglo XIX. Catedrático de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, destacó en la pintura al natural y rechazó los paisajes idealizados y de estudio. Era muy común en él realizar largas excursiones por España para captar directamente la luz, la atmósfera y la geografía del territorio. Estos dos grafitos son un magnífico ejemplo de su método de trabajo: cuando cogía el lápiz no dibujaba al azar, sino que buscaba un encuadre correcto con profundidad, contraste y con un elemento que dominara. En este caso, eligió Sacristanía porque era un mirador privilegiado hacia Salvatierra y el Sacro Real Convento de Calatrava la Nueva.

En uno de los dibujos se aprecia un lienzo de muro ruinoso sobre una pendiente, que corresponde a los restos del Castillo de Salvatierra. En el otro, una amplia llanura con arbustos, matojos y un burro pastando, con la poderosa silueta al fondo del Cerrillo Pelado, sobre el que sobresale el Castillo de Salvatierra y, más lejos, el Sacro Convento de Calatrava la Nueva en territorio de Aldea del Rey. Es muy probable que Haes realizara estos grafitos en primavera, cuando el campo de Calzada de Calatrava estaba verde y lleno de vida, tal como se aprecia en la vegetación y el asno de los dibujos. Los grafitos pueden consultarse en la colección online del Museo del Prado:

Castillo de Salvatierra y Castillo de Salvatierra y convento de Calatrava

La vinculación entre los Ceriola y Haes no era casual. José Ceriola figuraba como suscriptor de la publicación El Arte en España —que tendrá como objetivo el cultivo, fomento y difusión de los estudios de bellas artes (pintura, escultura y arquitectura) en España—, en cuya junta directiva participaba el propio Carlos de Haes. Además, un miembro de la familia (de la rama Flaquer-Ceriola) asistió en Madrid a clases de paisaje impartidas por el maestro belga en la Escuela de Bellas Artes. A ello se suma que la esposa de José Ceriola, María del Carmen Bárbara, pertenecía a la familia de los condes de Velle, cuyo salón literario en Madrid fue uno de los centros culturales más destacados del reinado de Isabel II. En él se reunían con frecuencia escritores, poetas y pintores de la época, entre ellos el propio Carlos de Haes, junto a figuras como Eduardo Rosales o Vicente Palmaroli. Esta relación social directa hace aún más lógico que José Ceriola abriera las puertas de su finca al pintor en 1865.

Mi amigo y pintor Fernando García Medina ha señalado que, dada la forma de trabajar de Carlos de Haes, resulta más que probable que no se limitara a realizar estos grafitos. Haes fue un grandísimo paisajista —uno de los que abrió el camino a la pintura de paisaje en España e influyó en generaciones posteriores, incluido Sorolla— y acostumbraba a trabajar directamente sobre el terreno con todos sus medios. Según apunta Fernando, estos pintores del siglo XIX, cuando se desplazaban, no se contentaban con llevar un simple bloc y un lápiz, sino que transportaban también sus pinturas para ejecutar obras completas del natural allí donde se encontraban. Por ello, sostiene que es prácticamente seguro que Haes realizara alguna pintura —quizás un óleo— de Calzada de Calatrava, del Castillo de Salvatierra o de la propia Encomienda de Sacristanía. La incógnita reside en su paradero: bien pudo quedar en manos privadas, posiblemente de la propia familia Ceriola o de alguien vinculado a la finca. De confirmarse la existencia de esa obra, estaríamos ante un hallazgo de enorme interés para el patrimonio artístico local.

Estos dos grafitos son, además de obras de arte, auténticos documentos históricos. Nos muestran cómo era el paisaje calatravo en 1865, pocos años después de la desamortización, cuando grandes fincas eclesiásticas y de órdenes militares como la Encomienda de Sacristanía habían pasado a manos de la nueva burguesía terrateniente. La familia Ceriola representa perfectamente ese proceso de cambio social y económico del siglo XIX en Castilla-La Mancha. Aquí podríamos referirnos a la famosa frase de que no hay mal que por bien no venga. Lo digo porque una acción negativa, como fue la desamortización, produjo estas dos obras de arte, que representan a Calzada de Calatrava.

Pero el verdadero valor de estos dibujos radica en lo que representan históricamente. Estamos ante los vestigios de la Orden de Calatrava, la primera orden militar española, fundada para defender la frontera frente a los almohades. El Castillo de Salvatierra fue uno de sus enclaves estratégicos en las estribaciones de Sierra Morena, mientras que el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey, se convirtió en su sede principal y en una auténtica ciudad fortificada.

Complementando este triángulo, Almagro se consolidó como el centro político y administrativo de la Orden, donde residían los maestres y donde aún hoy se conserva uno de los conjuntos monumentales más bellos de Castilla-La Mancha, con su emblemática Plaza Mayor y su Corral de Comedias.

Hoy, más de 160 años después, estos modestos grafitos del Museo del Prado siguen siendo una ventana abierta a la historia de la Orden de Calatrava y al rico patrimonio de tres pueblos: Calzada de Calatrava, Aldea del Rey y Almagro. Es una pena que no puedan visitarse, para detenerse ante estos dos pequeños grandes dibujos y poder contemplar un trozo vivo de la historia de Calzada de Calatrava, dibujado desde una de sus fincas más emblemáticas y por un pintor de los mejores paisajistas naturalistas.

Quizás algún día aparezca ese cuadro que falta. Por ahora, estos dos dibujos ya nos devuelven, con sorprendente precisión, el paisaje de Calzada hace más de siglo y medio. ¡Todo calzadeño debe sentirse orgulloso, muy orgullosos!

Mientras en el convento de las Carmelitas de Daimiel se conservó, hasta el comienzo de la Guerra Civil, un cuadro de El Greco —una Adoración de los pastores— que acabó en manos privadas, estos dos grafitos de Carlos de Haes, que tuvieron su origen en nuestra tierra, permanecen hoy presentes en el Museo del Prado.

La historia de Calzada sigue viva día a día en el grupo de Facebook Calzada de Calatrava y su historia.

Corpus Ruiz Fernández

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