De manera inesperada, mientras escribía uno de los capítulos de mi libro Calzada de Calatrava y su historia (volumen II), dedicado al conocido “trenillo” de vía estrecha entre Valdepeñas y Puertollano, cuya línea contaba con una parada en la finca de Montanchuelos —antigua encomienda de la Orden de Calatrava y propiedad del principal accionista de la empresa—, surgió el interés por indagar sobre sus antiguos comendadores. Entre ellos apareció un personaje destacado en la Guerra de la Independencia: José de Palafox. A partir de ahí, la consulta de documentación conservada en el archivo del Ayuntamiento de Zaragoza permitió acceder a fuentes que revelan su vinculación con esta encomienda, su relación con la provincia de Ciudad Real y su condición de vecino de Almagro.
La primera vinculación de nuestro personaje se remonta a su ingreso como caballero en la Orden de Calatrava. Al haber extraviado el título original, el 15 de marzo de 1843 el regente Baldomero Espartero expidió un nuevo despacho que reproducía el que le había sido otorgado por Carlos IV el 10 de abril de 1804. En este documento se señala que fue en 1803 cuando Palafox —miembro de la Compañía Flamenca de las Guardias de Corps— solicitó su admisión en la orden, alegando su fervor religioso, méritos y servicios llevados a cabo. Tras superar las pruebas preceptivas, fue investido caballero mediante las ceremonias correspondientes y recibió el hábito. Asimismo, cumplió el periodo de formación exigido por la institución: desde el servicio en galeras hasta su estancia en el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, donde aprendió la regla y disciplina de la orden. Es a partir de este momento cuando Palafox inicia su relación con el Campo de Calatrava, recibiendo la encomienda de Montanchuelos el 24 de abril de 1806 —cuyo real título extravió debido a la guerra contra franceses y a su detención en Francia como prisionero de guerra—, con una renta anual de diez mil reales de vellón. Es Fernando VII, el 14 de julio de 1818 y desde Sacedón —atraído por sus aguas termales—, quien garantiza a Palafox la titularidad de dicha encomienda. Este expediente de reposición garantizaba su condición de caballero pese a la pérdida del título original.
De entre la documentación conservada relativa a su relación con Montanchuelos —cuentas, propuestas de arriendo…— destacan especialmente las cartas y certificaciones vinculadas a créditos para suministros a las tropas españolas en 1811 y 1812, procedentes de los fondos de la encomienda. Palafox intenta demostrar que, para sostener a las tropas españolas, adelantó un dinero que debía ser devuelto. Y es que durante los años 1811 y 1812 de la encomienda salieron casi sesenta mil reales de vellón de los fondos que se destinaron a la compra de cebada y paja para alimentar los caballos de unidades militares acampadas en Valdepeñas y Santa Cruz de Mudela. Pertenecían a un regimiento de cazadores con más de setecientos caballos. Y ese gasto se hizo con la idea de que posteriormente el Estado lo reintegrara.
Terminada la guerra, en 1815, Palafox intentó recuperar esa cantidad, por lo que reunió documentación que acreditaba que ese dinero salió del capital de su encomienda. Fueron las autoridades de Moral de Calatrava quienes certificaron oficialmente que el dinero partió de Montanchuelos para ser empleado en suministros militares. Además, hay carta posterior, de un tal Juan Elcorzo, administrador de los intereses de Palafox, que sirve como prueba para reforzar la reclamación de éste. Se trata, en definitiva, de un caso representativo de una práctica frecuente durante la contienda: un alto mando militar había puesto sus recursos al servicio del ejército y, una vez finalizada la guerra, trataba de obtener del Estado el reconocimiento y pago de la deuda.
También hay una relación directa de Palafox con Almagro, basada en una carta fechada el 28 de enero de 1833. En ella, el Gobernador de Almagro Joaquín de la Cueva, informa a nuestro personaje del acuerdo adoptado por el ayuntamiento reconociéndolo como vecino de la ciudad. Fue una decisión tomada por unanimidad entre todos sus miembros. El documento refleja la atención que tuvieron las autoridades locales con la figura de Palafox, insertando su figura a la realidad del Campo de Calatrava, que venía gestándose desde su ingreso como caballero de la orden y su relación con la Encomienda de Montanchuelos.
Durante sus años como caballero José de Palafox recibió numerosas invitaciones para asistir a actos solemnes —sobre todo a ceremonias de investidura de nuevos caballeros en la iglesia de las Calatravas, en Madrid—, actos en los que dejó constancia de su asistencia, lo que evidencia su participación en la vida de la institución. A lo que hay que añadir su colaboración en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la provincia de Ciudad Real, ya que por Real Orden de 28 de junio de 1834 la reina gobernadora lo nombró presidente de la diputación permanente de dicha sociedad en la Corte. Gesto que Palafox agradeció, comprometiéndose a contribuir con los fines de la sociedad. Y es en 1835 cuando recibió el diploma que lo acreditaba como individuo de la corporación. De este modo, también aparece vinculado en los proyectos de modernización y fomento de la provincia de Ciudad Real. En relación con Almagro, la documentación destaca el desarrollo de la industria de blondas y encajes realizada por mujeres. Además, esta sociedad impulsó la creación de escuelas gratuitas para niñas de familiar humildes.
Por tanto, la figura de José de Palafox en su relación como vecino de Almagro y como referente de los proyectos de la Sociedad Económica de Amigos del País lo sitúa también como protagonista de la historia de esta comarca ciudadrealeña. A ello se suma la abundante documentación conservada sobre la Encomienda de Montanchuelos —cuentas, arriendos y gestión—, cuya consulta y análisis se encuentran actualmente en curso y que abren nuevas vías de estudio sobre el funcionamiento económico de estas propiedades y su papel en el conjunto del Campo de Calatrava.
Corpus Ruiz Fernández


