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miércoles, noviembre 4, 2026

La Plaza Mayor de Almagro se queda sin “Chuches”: Antonio Ureña cierra tras 22 años detrás del mostrador

Después de 22 años detrás del mostrador, Antonio Ureña Téllez se jubila este 7 de noviembre y cierra Chuches Carmen, una de las tiendas más tradicionales de la Plaza Mayor de Almagro. Su historia está marcada por generaciones de niños, familias y visitantes.

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Antonio Ureña Téllez se jubila este 7 de noviembre, a los 65 años, y pone fin a más de dos décadas al frente de «Chuches Carmen», uno de los pequeños comercios más reconocibles de la Plaza Mayor. Una despedida cargada de recuerdos, generaciones de niños y momentos compartidos que forman parte de la memoria cotidiana de Almagro.

La Plaza Mayor de Almagro pierde uno de esos pequeños comercios que terminan convirtiéndose en parte de la identidad sentimental de un municipio. Antonio Ureña Téllez, a sus 65 años, se jubila y echa el cierre a «Chuches Carmen», la tienda de golosinas que durante los últimos 22 años ha endulzado el día a día de generaciones de almagreños y visitantes.

Detrás de sus vitrinas, entre bolsas de Matutano, caramelos, golosinas, pipas, patatas, galletas y bebidas, Antonio ha atendido de lunes a domingo, prácticamente todos los días del año, a niños que llegaban de la mano de sus padres y que, con el paso del tiempo, han regresado convertidos en adultos e incluso en padres de familia. Una historia comercial que va mucho más allá de vender chucherías: es también una pequeña crónica de la vida de Almagro durante más de dos décadas.

Veintidós años viendo crecer a varias generaciones de almagreños

«Pues 22 añitos», responde Antonio cuando le preguntamos cuánto tiempo ha permanecido detrás del mostrador de su establecimiento. Una respuesta sencilla que resume toda una vida de trabajo en uno de los enclaves más emblemáticos de la localidad.

Durante este tiempo, su pequeño establecimiento, situado bajo los soportales de la derecha de la Plaza Mayor, ha sido un punto de encuentro para los más pequeños y también para quienes, pese a haber dejado atrás la infancia, seguían acercándose a comprar algún producto o simplemente a saludar.

Antonio recuerda especialmente a aquellos niños que comenzaron a entrar en la tienda cuando apenas podían caminar y que hoy son ya jóvenes y adultos.

«Esto lo he visto yo aquí a gatas, de pasar a la tienda», recuerda con una sonrisa. Ahora, cuando vuelve a encontrarse con ellos, reconoce que el paso del tiempo también se hace evidente al otro lado del mostrador.

«Madre mía, tan grandes», comenta al recordar cómo aquellos pequeños clientes han ido creciendo ante sus ojos.

Una experiencia que ha convertido su establecimiento en algo más que una tienda de golosinas. Durante 22 años, Chuches Carmen ha formado parte de las rutinas, los paseos y los recuerdos de muchas familias de Almagro.

Una tienda pequeña, pero con espacio para todo

Aunque el local no destacaba precisamente por sus dimensiones, Antonio había conseguido aprovechar cada rincón para ofrecer un amplio surtido de productos.

Golosinas, caramelos, bolsas de patatas, pipas, galletas, refrescos, agua y otros productos de consumo habitual compartían espacio en sus estanterías y vitrinas. Había un poco de todo, como corresponde a esas tiendas tradicionales en las que siempre se podía encontrar algo para cada ocasión.

Entre los productos más vendidos, Antonio señala especialmente las bolsas de Matutano, aunque reconoce que durante todos estos años ha comercializado prácticamente de todo.

Por el establecimiento han pasado clientes de diferentes edades y procedencias. Los niños han sido una parte fundamental de su clientela, pero también los adultos que se acercaban a comprar una bebida, agua o algún producto durante sus paseos por el centro histórico.

El turismo, una pieza fundamental para el comercio de la Plaza Mayor

La ubicación de Chuches Carmen, en pleno corazón monumental de Almagro, también ha permitido a Antonio conocer de cerca el movimiento turístico que caracteriza a la localidad.

La Plaza Mayor, uno de los principales atractivos patrimoniales y turísticos del municipio, recibe visitantes durante todo el año. Antonio reconoce que el turismo ha sido fundamental para mantener la actividad comercial.

«Aquí vivimos del turismo. Aquí siempre hay gente todos los días», explica, recordando la llegada habitual de grupos organizados y autocares que recorren el centro histórico.

En más de una ocasión, los visitantes se han detenido ante el pequeño establecimiento sorprendidos por encontrar una tienda de golosinas de las características de las de toda la vida.

Antonio recuerda con especial cariño los comentarios de turistas procedentes de Madrid y de otros lugares, que destacaban precisamente ese carácter tradicional del comercio, tan diferente de los establecimientos más modernos y de las tiendas de conveniencia.

Para algunos, entrar y comprar algo era casi una obligación, aunque no necesitaran realmente ningún producto. Era una manera de llevarse un pequeño recuerdo de una forma de comercio que cada vez resulta menos habitual.

De Pinocho y Timoteo a Chuches Carmen: la tradición de las golosinas en la Plaza Mayor

La despedida de Antonio también invita a recordar que la historia de las tiendas de chucherías de la Plaza Mayor de Almagro viene de mucho antes.

En la conversación con Almagro Noticias, Antonio recuerda algunos de los establecimientos que ocuparon anteriormente ese espacio comercial, como Pinocho, Timoteo o la antigua tienda de Carlos.

Son nombres que forman parte de los recuerdos de distintas generaciones de almagreños y que reflejan cómo determinados negocios han ido pasando de unas manos a otras, manteniendo viva una actividad tradicional en el corazón de la ciudad.

Antonio es consciente de que su jubilación supone el cierre de una etapa, pero no cree que la Plaza Mayor deba quedarse definitivamente sin una tienda de estas características.

«La plaza no puede estar sin chuches», afirma convencido, confiando en que algún día alguien vuelva a apostar por este tipo de comercio.

Por el momento, según explica, la propiedad del local no tiene previsto alquilarlo inmediatamente, por lo que todavía es pronto para saber qué actividad ocupará este espacio en el futuro.

Carmen continuará al frente de la heladería “Fresquibiri”

La jubilación de Antonio no significa que la familia desaparezca de la actividad comercial de la Plaza Mayor.

Su mujer, Carmen, continuará al frente de la heladería Fresquibiri, situada en el local contiguo, donde seguirá atendiendo a vecinos y visitantes.

El establecimiento lleva aproximadamente seis años de actividad, camino de cumplir siete, y desarrolla su campaña principalmente desde febrero hasta septiembre, coincidiendo con los meses de mayor demanda de helados.

La heladería seguirá siendo, por tanto, un punto de referencia para quienes buscan refrescarse durante los días de calor en pleno centro histórico de Almagro.

Antonio también seguirá echando una mano cuando sea necesario. Bromea con que todavía le quedan algunos años de trabajo junto a su mujer, que continuará al frente del negocio hasta alcanzar su propia jubilación.

«Ahora podremos disfrutar de los hijos y los nietos»

La jubilación abre para Antonio una etapa completamente diferente. Después de 22 años con horarios prácticamente ininterrumpidos, trabajando de lunes a domingo y durante buena parte de las fechas más señaladas del calendario, llega el momento de recuperar un tiempo que hasta ahora pertenecía al negocio.

Las Navidades, la Semana Santa, la Feria y los fines de semana han sido durante muchos años jornadas de trabajo. Días en los que otros disfrutaban de las celebraciones mientras él permanecía detrás del mostrador.

«Después de 22 años, llega un cumpleaños, llega una Semana Santa, llega una Feria, pues no te puedes juntar como te puedes juntar ahora», explica.

Ahora podrá disfrutar de los hijos, los nietos y de esos momentos familiares que durante tantos años han tenido que quedar condicionados por las obligaciones del comercio.

«Ahora ya con los nietos, que si para arriba, que si traes esto, llevas esto», comenta entre risas, imaginando una nueva rutina mucho más familiar.

Sin embargo, reconoce que también echará de menos el establecimiento y, sobre todo, a sus pequeños clientes.

«Yo, sobre todo, soy muy chiquero. Además de los míos, a mí me gustan mucho los chicos», confiesa.

Por eso sabe que no será fácil dejar de acudir cada día al local. Incluso reconoce que probablemente seguirá pasando por la Plaza Mayor aunque ya no tenga ninguna obligación de hacerlo.

«Voy a venir derecho aunque no tenga que venir», comenta, consciente de que 22 años de costumbres no se olvidan de un día para otro.

Una despedida con sabor a gratitud

Antonio no se marcha con reproches ni con cuentas pendientes. Al contrario, hace un balance muy positivo de estos años y agradece la confianza de todos los clientes que han pasado por su establecimiento.

«La verdad, muy bien. Gracias a Dios, no nos podemos quejar», resume al recordar su trayectoria.

Ahora, cuando el próximo 7 de noviembre se jubile, terminará una etapa que ha acompañado a varias generaciones de almagreños.

En estos días de esta semana, a Antonio lo podemos encontrar dentro de la tienda, a puerta cerrada, desmontando sus estanterías, sus vitrinas y echando en su maleta particular todo un equipaje de recuerdos y sentimientos que ha acumulado a través de todos estos años.

La Plaza Mayor seguirá siendo la misma, con sus soportales, sus fachadas y el incesante ir y venir de vecinos y turistas. Pero para muchos habrá un pequeño cambio: faltará ese escaparate lleno de colores, las estanterías repletas de golosinas y la presencia de Antonio detrás del mostrador.

Se marchan las chuches, pero permanecen los recuerdos de los niños que crecieron entrando en aquella pequeña tienda, de las familias que encontraron allí un lugar cotidiano y de los visitantes que descubrieron que todavía existen comercios donde comprar algo tan sencillo como una bolsa de caramelos puede convertirse en una experiencia diferente.

Antonio comienza ahora otra etapa. Una etapa para disfrutar de la familia, de los nietos y de la vida sin mirar constantemente el reloj del negocio.

Y, como él mismo desea, con salud para seguir adelante.

Porque hay tiendas que venden productos y otras que, sin proponérselo, terminan vendiendo recuerdos. Chuches Carmen ha sido, durante 22 años, una de ellas.

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