Si mi anterior artículo surgió a raíz de un debate en un grupo de Facebook, relacionado con la historia de Calzada de Calatrava, éste que he comenzado a escribir tiene su origen a raíz de un WhatsApp de mi amigo José Luis, que plateó una idea sencilla, pero a la vez poderosa: que hiciera todo lo posible para que estos grafitos, que se encuentran en el Museo del Prado, pudieran regresar —aunque fuera en forma de copia— al pueblo desde donde fueron dibujados, Calzada de Calatrava. Su propuesta la tomé con ímpetu y optimismo, y comenzó a tomar cuerpo en la realidad. Por otro lado, Carmen, la actual propietaria de la finca de Sacristanía —desde donde el gran paisajista Carlos de Haes los pintó—, al leer mi artículo que le había enviado vía WhatsApp, ha tomado la decisión de enmarcar uno de los grafitos para colocarlo en la casa de su finca, junto a mi artículo. Además, me ha ofrecido su finca para que vaya a realizar fotos desde el mismo punto donde el gran paisajista hizo el dibujo, permitiendo así comparar el paisaje de 1865 con el que hoy contemplamos. La propuesta me ha parecido excelente y, en cuanto tenga ocasión, intentaré llevarla a la práctica. Compruebo que, un hallazgo que surgió en un debate en las redes sociales ha ido generando una reacción que, creo, merece ser tenida en cuenta. En ocasiones, la historia regresa sin previo aviso, en silencio, con el propósito de instalarse en los lugares donde nunca debió marcharse.
Además, hay otro elemento de enorme valor: hace unos meses escribí en mi blog un artículo sobre la idea que tuve de cómo volver a la vida el sello usado en el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, y que siguió utilizándose también en Almagro hasta que los freires desaparecieron, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal. Es un pequeño óvalo, con su cruz de Calatrava en el centro y la inscripción «SACRO R. Y MILITAR COMBENTO DE CALATRAVA». Es, no sólo un objeto curioso con una rareza ortográfica, sino la expresión material del poder y de la continuidad de una institución que marcó profundamente la historia del Campo de Calatrava: se validaban, en Capítulo, decisiones y se resolvían situaciones tan humanas como la de una lavandera —María Candelas Caravantes, natural de Almagro— que, tras décadas de servicio, solicitaba una ayuda para poder vivir con dignidad.
Todo lo dicho anteriormente me da la oportunidad de proponer lo siguiente. Como ya se sabe, este mes de septiembre Almagro acoge unas jornadas dedicadas a la Orden de Calatrava, en torno a su documento fundacional. Es un acontecimiento histórico de primer nivel que reunirá a diversas personas que transmitirán conocimiento, investigación e historia. Y aquí es donde la idea de mi amigo José Luis puede hacerse realidad, ya que he pensado que existe la posibilidad de incorporar a estas jornadas tanto los grafitos del Museo del Prado —tarea difícil, pero no imposible— como una copia del sello: en Calzada de Calatrava, si quieres, te la pueden hacer en Papelería Castillo o en la Imprenta San José. ¿No es una gran idea que a la Bula Fundacional del Archivo Histórico Nacional la acompañen los grafitos del Museo del Prado y una copia del sello usado por los distintos priores que hubo en el Sacro Convento? Esta triada calatrava uniría tres momentos clave: su fundación en el siglo XII, el declive institucional en el siglo XIX y la memoria visual del territorio en 1865, desde la Encomienda de Sacristanía, propiedad entonces de José Ceriola. La incorporación de estos nuevos elementos acercaría esa historia al visitante de una manera más directa, más visual y tangible. Y, si por cuestión de tiempo, no es posible traer los grafitos originales, siempre queda la opción de hacer una copia, imprimirlos y encuadrarlos.
Excmo. Sr. Don Francisco Ureña, alcalde de Almagro, y Dª Marián Ureña, concejal de Cultura: con el máximo respeto, me gustaría trasladar una propuesta que puede enriquecer, notablemente, el contenido de estas jornadas. Sería de un enorme valor que en las jornadas se pudiera contar con reproducciones —originales o copias— de los tres grafitos —sí, aún hay otro grafito del Castillo de Calatrava la Vieja— de Carlos de Haes, conservados en el Museo del Prado, así como una copia del sello original del Sacro Convento de Calatrava. Creo que para ello no sería necesario llevar a cabo complejas gestiones, sólo aprovechar unos descubrimientos recientes que reforzarían un evento ya de por sí extraordinario.
Lo aquí propuesto no debería de ser efímero, y acabar con las jornadas de septiembre en Almagro, sino que se puede ir mucho más allá. Una vez terminadas, es lógico y deseable que copias de los dibujos y del sello pudiesen permanecer, de forma estable, en espacios donde tienen sentido. Me estoy refiriendo a las oficinas de turismo o centro culturales de los pueblos que conforman el Campo de Calatrava, sobre todo los de Calzada de Calatrava y Aldea del Rey: una idea vinculada a un evento concreto podría convertirse en un recurso permanente al servicio de vecinos y visitantes. Calzada de Calatrava, desde cuyo término fueron dibujados los grafitos, Aldea del Rey, donde el Sacro Convento sigue dominando su paisaje, y la propia Almagro, como centro histórico de la Orden de Calatrava, ofrecerían una visión más amplia y coherente de este legado, haciendo visible una parte de su historia y permitir que cualquiera que se acerque a estos pueblos pueda comprender que la Orden de Calatrava no es pasado, sino una realidad que sigue viva en el paisaje, en los documentos y en los símbolos que aún podemos recuperar.
Y quizás entonces, al contemplar esos grafitos, al detenerse ante ese sello, alguien vuelva a sentir lo mismo que llevó hace más de siglo y medio a Carlos de Haes a detenerse en Sacristanía, mirar el horizonte y dibujar lo que tenía ante sus ojos. Porque la historia, cuando se le da la oportunidad, nunca se repite: simplemente vuelve.
Ojalá sepamos aprovecharlo.
Corpus Ruiz Fernández

