El historiador almagreño Francisco Asensio continúa sorprendiendo a los oyentes de la emisora municipal con una nueva entrega de su reconocido espacio radiofónico dedicado a rescatar la memoria histórica de la ciudad bajo el título de “Cosas Olvidadas de Almagro”, una serie que se ha convertido en una referencia cultural imprescindible para comprender el pasado de la localidad encajera. En esta ocasión, el investigador ha centrado su intervención en un apasionante recorrido por el origen y evolución de la Policía Local de Almagro, una narración cargada de datos históricos, curiosidades, documentos inéditos y anécdotas que reflejan cómo ha cambiado el concepto de seguridad y orden público en la ciudad a lo largo de los siglos.
La intervención radiofónica de Francisco Asensio supone una nueva muestra del exhaustivo trabajo de investigación y divulgación histórica que viene desarrollando desde hace años y que, según confirmó durante el programa, culminará en un nuevo volumen ampliado de “Cosas Olvidadas de Almagro”, una publicación que ampliará considerablemente el contenido del primer libro y que promete convertirse en una obra de consulta imprescindible para conocer el pasado social, político y cotidiano de la localidad.
Durante su intervención en los micrófonos de la emisora local, el historiador quiso comenzar dedicando este capítulo a todos los miembros de la Policía Local, destacando especialmente la labor silenciosa y poco reconocida socialmente que desempeñan estos profesionales. Lo hizo además desde el conocimiento directo de la administración municipal, recordando que ejerció como concejal de Policía durante las dos legislaturas del exalcalde Luis López Condés. En ese contexto tuvo también palabras de reconocimiento para el cabo Manolo Fernández, responsable del cuerpo hasta hace apenas unos años.
La exposición realizada por Francisco Asensio permitió reconstruir el nacimiento de los cuerpos de seguridad municipales desde épocas muy anteriores a la creación formal de la policía moderna. El investigador recordó que ya durante entre los siglos XVI y XVIII, los municipios contaban con cuerpos armados y escopeteros destinados a velar por la seguridad de las poblaciones, incluyendo también a Almagro. Posteriormente, en tiempos de Carlos III y Carlos IV, surgieron figuras como los alguaciles y la denominada Superintendencia de Policía General, creada en Madrid en 1807 y desaparecida tras la Guerra de la Independencia.
El historiador explicó cómo la Constitución Española de 1812 marcó un antes y un después al reconocer competencias específicas a los ayuntamientos, entre ellas la posibilidad de crear cuerpos de policía municipal. Aquellos primeros agentes tenían funciones muy diferentes a las actuales, centradas principalmente en la higiene pública, la vigilancia de mercados, el control sanitario y la supervisión de abastecimientos y alcantarillados, mientras que la persecución del delito y el control del orden público seguían estando fuera de sus competencias.
Uno de los aspectos más llamativos del relato fue la descripción de la evolución del control social y policial durante el reinado de Fernando VII, quien instauró en 1824 la denominada Policía General del Reino, destinada especialmente a perseguir movimientos liberales y sociedades secretas como la masonería o la comunería. Según recordó Francisco Asensio, la provincia de Ciudad Real contó entonces con delegaciones policiales en la capital, en Alcázar de San Juan y en Villanueva de los Infantes.
La narración fue adquiriendo especial interés al abordar cómo, a partir de 1827, se dividieron oficialmente las competencias entre el Estado y los ayuntamientos, reservando a estos últimos las labores de orden público local. El historiador detalló además cómo el Reglamento Provisional de Policía de 1833 otorgó amplias funciones a los municipios, incluyendo el control de tabernas, mesones, hosterías y juegos de azar.
Precisamente, una de las anécdotas más sorprendentes relatadas durante el programa estuvo relacionada con el hallazgo de una antigua baraja de cartas escondida en el histórico Corral de Comedias de Almagro. Según explicó el investigador, aquella baraja apareció oculta entre paja dentro de una alacena sellada durante siglos y hoy se conserva en el Museo Nacional del Teatro. El motivo de aquel escondite era sencillo: los juegos de cartas estaban prohibidos y socialmente muy mal vistos durante aquella época.
Otro de los apartados que despertó mayor interés fue el relacionado con la creación de los primeros padrones municipales y la numeración de viviendas. Francisco Asensio explicó que ya en el siglo XIX se obligaba a registrar anualmente a todos los vecinos y a numerar las casas, lo que permitía controlar con precisión la ubicación y movimientos de la población. Incluso para desplazarse de una ciudad a otra era necesario portar un pasaporte, una especie de documento identificativo precursor del actual DNI.
Especial protagonismo tuvieron también los antiguos serenos, figuras fundamentales en la vida nocturna de las ciudades españolas. El historiador describió cómo estos vigilantes recorrían las calles con faroles y lanzas, anunciando las horas y el estado del tiempo con frases tan populares como “las dos y sereno”. Además de abrir portales a los vecinos, controlar el alumbrado de gas y petróleo y evitar robos o altercados, podían incluso detener sospechosos si era necesario.
La charla radiofónica permitió además conocer curiosidades sobre las primeras normas de tráfico en Almagro, cuando los únicos vehículos existentes eran carros y transportes de tracción animal. Ya entonces existían registros municipales de vehículos y limitaciones de velocidad dentro de las poblaciones. El investigador recordó incluso cómo muchas esquinas de calles estrechas, como las de la calle San Francisco, conservan todavía piedras protectoras colocadas para evitar que los carros dañaran las fachadas.
Uno de los momentos centrales de la intervención llegó al abordar el nacimiento oficial de la Guardia Municipal de Almagro. Según explicó el historiador, fue en 1858 cuando el alcalde corregidor Francisco de Pablo Alto Laguirre impulsó la creación de los primeros cuatro guardias municipales de la ciudad mediante un bando de buen gobierno autorizado por el gobernador civil. Aquella reorganización supuso también la reducción de plazas de alguaciles y serenos para abaratar costes municipales.
El relato estuvo repleto de nombres propios que ayudan a reconstruir la intrahistoria de la ciudad. Entre ellos aparecieron antiguos alguaciles, serenos y guardias municipales como Gregorio Parras, José Ramírez, Pedro Bermejo, Juan Parras o Casildo Moya, este último procedente del ejército, algo habitual en la época. También destacó la curiosa destitución del alguacil Valaspalle, sorprendido organizando partidas ilegales de cartas en su propia casa pese a tener la misión oficial de perseguir precisamente ese tipo de juegos.
A lo largo del programa, Francisco Asensio explicó cómo durante décadas coexistieron numerosos cuerpos encargados del control y la vigilancia: guardias municipales, alguaciles, serenos, guardas de campo y la propia Guardia Civil, creada en 1844 e implantada en Almagro a finales del siglo XIX. Todos ellos compartían competencias y funciones en una compleja estructura de orden público que fue evolucionando progresivamente hasta consolidar el modelo policial moderno.
El historiador abordó también las profundas transformaciones sufridas por la Policía Municipal durante la Restauración, la Segunda República, la Guerra Civil y la posguerra. Especialmente llamativo resultó el relato sobre la fuerte politización de los cuerpos policiales durante los años treinta, cuando los cambios políticos provocaban ceses masivos y sustituciones de agentes afines a cada gobierno municipal.
En ese contexto, recordó cómo en 1936 fueron destituidos todos los policías y serenos existentes en la ciudad para ser reemplazados por nuevos agentes vinculados ideológicamente al nuevo gobierno municipal socialista presidido por Daniel García Olmo. Posteriormente, tras la Guerra Civil, la plantilla volvió a ser reorganizada y depurada en sentido contrario.
La intervención radiofónica permitió además descubrir detalles poco conocidos sobre la uniformidad policial. Durante los años de la Guerra Civil, muchos policías locales vestían mono azul al estilo miliciano, mientras que décadas más tarde la Policía Municipal de Almagro adoptó uniformes verdes similares a los de la Guardia Civil. El historiador recordó incluso a personajes muy populares como Francisco Ruiz “Machilandi”, uno de los miembros más conocidos del cuerpo en los años sesenta.
Otro de los aspectos destacados fue el recorrido histórico por las distintas sedes policiales de la ciudad. Según explicó Francisco Asensio, las primeras dependencias estuvieron ubicadas junto a la actual biblioteca municipal, posteriormente se trasladaron al Ayuntamiento y finalmente acabaron instalándose en el Palacio de los Medrano, en la calle del Mercado.
La modernización definitiva de la Policía Local llegaría con la democracia y la aprobación de la Ley Orgánica 2/1986 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que homogeneizó uniformes, competencias y estructuras policiales en toda España. También entonces llegaron los primeros vehículos policiales motorizados a Almagro, entre ellos un recordado Nissan Patrol de color rojo y blanco adquirido a comienzos de los años ochenta.
Con esta nueva entrega de “Cosas Olvidadas de Almagro”, Francisco Asensio vuelve a demostrar la enorme riqueza histórica de la ciudad y la importancia de conservar la memoria colectiva de quienes contribuyeron, desde el anonimato, al funcionamiento cotidiano de la sociedad almagreña. Su trabajo radiofónico y documental se consolida así como una de las iniciativas culturales más valiosas para comprender la evolución histórica de Almagro y de sus instituciones.

