El clásico de Tirso de Molina llega este sábado 12 de septiembre al Corral de Comedias de Almagro con una comedia de enredos protagonizada por una mujer que desafía las normas sociales de su tiempo
El Corral de Comedias de Almagro acoge este sábado, 12 de septiembre, a las 20:30 horas, la representación de ‘Don Gil de las calzas verdes’, una de las grandes comedias del Siglo de Oro español, escrita por Tirso de Molina. La obra propone una combinación de humor, disfraces, engaños e identidades cruzadas que sitúa en el centro de la trama a doña Juana, una mujer decidida a tomar las riendas de su propio destino.
La función recupera así en uno de los espacios teatrales más emblemáticos de Almagro una comedia que, más allá de sus enredos amorosos, plantea cuestiones relacionadas con el poder femenino, la identidad, el género y las convenciones sociales. La protagonista utiliza el disfraz y el engaño para desafiar los papeles que la sociedad de su época había reservado a las mujeres.
Una mujer que decide romper las reglas
La historia comienza cuando don Martín abandona a su prometida, doña Juana, en Valladolid y marcha a la Corte bajo una identidad falsa. Su propósito es conquistar a doña Inés, una mujer con una posición económica más favorable.
Pero sus planes se complican desde el primer momento.
Cuando don Martín pretende acercarse a doña Inés, ella ya se ha enamorado de otro misterioso Don Gil, cuya principal seña de identidad es su aspecto juvenil y, especialmente, unas llamativas calzas verdes.
Ese personaje no es quien parece.
Don Gil es, en realidad, doña Juana disfrazada, que ha decidido enfrentarse a la traición de su prometido utilizando sus propias armas: la inteligencia, la capacidad de adaptación y el engaño.
La situación se vuelve todavía más compleja cuando doña Inés conoce a doña Elvira, su nueva vecina y confidente. Su parecido con Don Gil despierta inmediatamente su interés, sin sospechar que ambas identidades pertenecen a la misma persona.
Una comedia de identidades y enredos
A partir de ese momento, doña Juana, convertida alternativamente en Don Gil y doña Elvira, desencadena una sucesión de equívocos que arrastra a los distintos personajes por un laberinto de engaños, celos y confusiones.
El juego de identidades constituye el motor de una comedia en la que nadie parece tener toda la información y en la que las apariencias condicionan constantemente las relaciones entre los personajes.
La protagonista termina utilizando las propias convenciones sociales contra quienes pretenden imponerlas. El resultado es una historia cargada de situaciones cómicas, pero también una mirada crítica sobre las normas y expectativas de la sociedad del siglo XVII.
El desenlace queda ligado al destino de don Martín, que tendrá que abandonar finalmente sus pretensiones y regresar junto a su prometida, si antes no termina completamente desbordado por el juego de identidades creado por doña Juana.
Tirso de Molina y la vigencia del clásico
La propuesta parte de un texto del Siglo de Oro que continúa encontrando conexiones con el presente. La lectura de la obra pone el foco en la capacidad de doña Juana para escapar de los papeles tradicionales de su época y construir su propia estrategia para alcanzar sus objetivos.
El disfraz funciona, por tanto, como mucho más que un recurso cómico. Permite alterar las relaciones de poder, cuestionar las expectativas de género y poner en cuestión las normas sociales que determinan qué pueden hacer los personajes en función de su identidad.
La representación plantea así un diálogo entre la tradición teatral española y algunas cuestiones que continúan formando parte del debate contemporáneo.
La identidad, el género y el poder aparecen como elementos centrales de una obra que utiliza la risa y el enredo para cuestionar el orden establecido.
Reparto
El reparto de la representación está integrado por Martin Puñal, en el papel de don Martín; Manuela Morales, como doña Juana; Angel Ramón Jiménez, que interpreta a Quintana y doña Clara; Samuel Asensio, como don Juan; Luz Araque, en el papel de doña Inés; Manuel Chaves, como Caramanchel; y Pablo Sevilla, que interpreta a don Pedro.
Con esta puesta en escena, ‘Don Gil de las calzas verdes’ vuelve a demostrar que los grandes clásicos pueden seguir planteando preguntas contemporáneas sin perder su esencia: una combinación de humor, ingenio, identidad, deseo y conflicto que mantiene viva la fuerza del teatro del Siglo de Oro.

