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viernes, octubre 23, 2026

Cuando Almagro coronó a su patrona

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Faltaban pocos días para la coronación de la Virgen de las Nieves, patrona de Almagro, y la prensa provincial fue informando muy minuciosamente de los preparativos de una ceremonia que iba a convertirse en uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la ciudad. Situémonos: estamos hablando del año 1929. Entre las personas más destacadas que asistirían figuraban el nuncio apostólico Federico Tedeschini, representante del Papa Pío XI en España; el infante don Jaime de Borbón, por delegación del rey Alfonso XIII; el ministro de Justicia y Culto, Galo Ponte y Escartín; y el obispo prior de las Órdenes Militares, don Narciso de Estenaga y Echevarría. Junto a ellos acudirían numerosas autoridades civiles, militares y eclesiásticas, así como destacadas figuras de la vida pública provincial, entre ellas el gerente de El Pueblo Manchego, Miguel Ruiz Pérez, natural de Calzada de Calatrava, sobre cuya trágica muerte durante la Guerra Civil espero ocuparme en futuros artículos.

En la organización y desarrollo de los cultos y festejos colaboraron activamente el Ayuntamiento de Almagro, las parroquias de San Bartolomé y Madre de Dios, las comunidades de dominicos y franciscanos, diversas asociaciones religiosas locales y numerosas autoridades civiles y eclesiásticas, que aunaron esfuerzos para convertir la coronación en una celebración extraordinaria que quedó en la memoria de los almagreños y ha sido transmitida de generación en generación. Rosarios, triduos solemnes, comuniones generales, comidas benéficas para los pobres, sesiones de cine al aire libre, conciertos de la banda municipal y fuegos artificiales destacaron entre las actividades religiosas y civiles. El momento culminante llegaría el 20 de octubre con la solemne misa pontifical, la bendición de la corona y la coronación canónica de la imagen de Nuestra Señora de las Nieves.

Para que los vecinos de Ciudad Real y de los pueblos colindantes pudieran asistir a la ceremonia, se establecieron servicios especiales de tren y autobús, que se sumaron a los horarios ordinarios ya existentes.

La corona destinada a la patrona de Almagro fue obra del orfebre y sacerdote madrileño Félix Granda. Realizada en oro y platino, estaba adornada con centenares de piedras preciosas, entre ellas brillantes, rubíes, perlas, topacios y olivinas. Su valor se estimó en unas 70.000 pesetas, una cantidad extraordinaria para la época.

Aparte del día de la coronación, otro de los momentos culminantes fue cuando el 18 de agosto de 1929 el cardenal Rafael Merry del Val expidió el documento pontificio que autorizaba la coronación de Nuestra Señora de las Nieves. Iba dirigido al obispo titular de Dora, don Narciso de Estenaga, y recordaba la antigüedad del culto a la Virgen, las gracias y favores atribuidos a su intercesión y, sobre todo, la profunda devoción que le profesaban los almagreños y los vecinos de los pueblos cercanos. También reflejaba el respaldo de los párrocos de San Bartolomé y Madre de Dios, los rectores de los conventos de Santo Domingo y San Francisco, las autoridades municipales y todo el pueblo de Almagro. Tras examinar la documentación presentada, en la reunión que tuvo lugar en la sala capitular el día 11 de agosto de 1929, se declaró que «por unanimidad hemos decretado y mandado que la misma Sagrada Imagen de Nuestra Beatísima Señora, venerada, como hemos dicho, bajo el título de Santa María de las Nieves, sea en nuestro nombre solemnemente coronada con corona de oro… Dado en Roma el 18 de Agosto del año del Señor 1929, Año 8.º del Pontificado de Nuestro Santísimo Señor el Papa PÍO XI. ALEJANDRO BERNABAN, Canónigo Actuario. Por el Canciller, PEDRO RABANAT».

Hay una tradición muy arraigada, en relación con la Virgen de las Nieves. Según ésta, Álvaro de Bazán —marqués de Santa Cruz— se encomendó ante la Virgen de las Nieves cuando marchaba a luchar contra los turcos, que se veneraba en una humilde ermita. Durante la batalla de Lepanto prometió erigir un santuario en su honor si obtenía la victoria. La tradición indica que, cumplida la promesa, levantó el templo de Nuestra Señora de las Nieves y lo dotó para asegurar el culto. Las obras importaron al marqués de Santa Cruz 62.770 reales. Y dotó la iglesia de 13 capellanías para su culto y cofradía de los pueblos de Valdepeñas, Manzanares, Moral, Calzada de Calatrava, Daimiel y Bolaños. Este recuerdo quedó recogido en estos populares versos: «Virgen de las Nieves, yo te prometo, si vengo bien del turco, hacerte un templo».

El anhelo de generaciones de almagreños dejaba de ser una ilusión para convertirse en una realidad inminente. Y todo estaba ya preparado para que la patrona recibiera la corona otorgada en nombre de la Santa Sede.

En la víspera de la coronación llegó a Ciudad Real el nuncio apostólico Federico Tedeschini. Recibido por las autoridades y una multitud de fieles, pronunció un extenso discurso en el que transmitió el afecto de Pío XI hacia España y destacó la fidelidad religiosa de Ciudad Real. «El Papa tiene hoy sus pensamientos y afectos en Ciudad Real. Hoy piensa en vosotros y os manda un saludo de bendiciones. El Santo Padre no tiene hijos lejanos, sino cerca del corazón que Dios le ha dado para abrazar la Iglesia toda. Con este corazón vengo a vosotros y podré alegrárselo cuando me pida cuenta de esta visita», afirmó ante un templo, hoy catedral, totalmente abarrotado.

La jornada de la coronación

A primeras horas de la mañana del día de la coronación, el 20 de octubre de 1929, las autoridades civiles, militares y religiosas acudieron a Almagro desde distintos puntos de España. En el arco de Santo Domingo la multitud aguardaba la llegada del infante don Jaime de Borbón, del nuncio Federico Tedeschino; del obispo prior de las Órdenes Militares, Estenaga; y del ministro de Justicia y Culto, Galo Ponte. Todo estaba dispuesto para una jornada calificada de histórica.

El inicio de la ceremonia de la bendición de la corona, junto con la misa pontifical, comenzó a las nueve y media de la mañana, con un templo completamente abarrotado, y en el que el obispo pronunció un sermón. Trajo a la memoria la antigüedad de la devoción a la Virgen de las Nieves y su vínculo con la historia de la Orden de Calatrava y recordó la figura de don Álvaro de Bazán, quien levantó el santuario tras la batalla de Lepanto. Y, cómo no, hizo referencia al amor de generaciones enteras de almagreños a la Virgen: «En la pedrería de esa corona se hallan fundidas las lágrimas, las esperanzas, los anhelos y amores del pueblo».

Acabada la misa, comenzó la procesión. La Virgen lucía un manto donado por Isabel Ruiz de Fernández Félix, que estaba adornado con bordados realizados por mujeres de la localidad. La Patrona llegó a la Plaza Mayor —también conocida como Plaza de la Constitución—, que ofrecía un ambiente impresionante. El altar y dos grandes tribunas para las autoridades fueron levantadas frente al ayuntamiento y, cuando la imagen ocupó su lugar, el obispo Estenaga indicó que el nuncio impartiría la bendición papal. Un silencio majestuoso dio paso a unos de los momentos más emocionantes de la historia religiosa de Almagro: el infante, el nuncio y el obispo se dirigieron al altar para colocar la corona. Tras finalizar este acto, una inmensa ovación sonó por toda la plaza, explosionaron cohetes, repicaron las campanas y una lluvia de flores descendió sobre la Virgen recién coronada. Y, cómo no, las bandas interpretaron la Marcha Real.

El alcalde de Almagro pronunció una alocución en honor de la Virgen de las Nieves, donde ofrecía a la Virgen «la corona viva, palpitante y anhelosa de todos los corazones almagreños» para que éstos fueran protegidos en el presente y el futuro. La corona no era únicamente una joya, sino que también representaba el símbolo de una devoción colectiva.

En el banquete, celebrado en el convento de los dominicos, además de los brindis, los asistentes destacaron el fervor religioso de la población y el gran éxito de la ceremonia. El hijo de Alfonso XIII llegó a afirmar que su padre agradecería conocer los detalles de una jornada tan memorable.

Nadie podía imaginar en esos momentos que, pocos años después, aquélla magnífica corona de oro y platino desaparecería para siempre durante los turbulentos acontecimientos de la Guerra Civil. Hecho que convirtió la coronación de 1929 en el último recuerdo de una corona destinada a convertirse en leyenda.

La magnífica corona de la Virgen de las Nieves no desapareció durante los primeros meses de la Guerra Civil. El 17 de abril de 1937 permanecía depositada en una entidad bancaria junto a la pequeña corona del Niño Jesús. Ambas fueron retiradas aquel día por miembros del Consejo Municipal presentando el correspondiente resguardo de depósito. Desde entonces se pierde el rastro documental de las dos piezas, si bien un testigo afirmó años después haber oído que terminaron en poder del gobernador civil José Serrano Romero. No puede descartarse que acabaran integradas en alguna de las remesas de joyas y objetos de valor evacuadas por la República durante los últimos meses de la guerra, incluidas las relacionadas con el yate Vita, aunque hasta la fecha no ha aparecido ninguna prueba documental que permita confirmarlo.

Con el paso del tiempo, algunos tesoros perdidos logran reaparecer cuando menos se espera. Un cuadro de El Greco procedente del convento de Santa Clara de Daimiel, dado por perdido durante la Guerra Civil, terminó aflorando años después en manos particulares. Del célebre portapaz de Uclés de la catedral de Ciudad Real, considerado perdido durante décadas, reaparecieron catorce de sus piezas, que fueron entregadas al cabildo catedralicio por Amaro del Rosal —director de la Junta del Tesoro Artístico— en 1986 y hoy se conservan expuestas en el Archivo Histórico Diocesano de Ciudad Real. La corona de la Virgen de las Nieves sigue aguardando, por ahora, una respuesta semejante.

Corpus Ruiz Fernández 

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