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miércoles, abril 1, 2026

Un paso, mil emociones: Jesús de la Humildad conmueve hasta las lágrimas

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El silencio de la Humildad: Una noche de Pasión en Almagro

La noche de este Martes Santo en Almagro ha sido una amalgama de frío, fe y una tensión contenida que se respira en cada rincón de piedra. Pasadas las nueve de la noche, el tiempo parecía haberse detenido en el interior de la Iglesia de Madre de Dios. Allí, entronizado y majestuoso, Jesús de la Humildad aguardaba su momento. Fuera, una marea de fieles y devotos abarrotaba los accesos, compartiendo una ansiedad compartida que solo la Semana Santa sabe inspirar.

De pronto, el crujido de la madera anunció el milagro. Las puertas del templo se abrieron de par en par, rompiendo la espera y dejando escapar el aroma a cera y devoción.

La salida: Un suspiro contenido

Los primeros en asomar fueron los penitentes de la Hermandad de Santiago Apóstol. En perfectas y ordenadas filas, comenzaron a trazar el camino de la Pasión. Tras ellos, emergiendo de una densa e hipnótica nube de incienso, se dibujó la silueta que todos buscaban: Jesús de la Humildad. Su mirada, baja y serena, contrastaba con la pomposidad de la escena que lo rodeaba. Acompañándolo en el misterio, las figuras de Poncio Pilato, Claudia Prócula, un centurión romano y Caifás completaban una estampa que encajaba a la perfección con la mística noche almagreña.

Bajo el paso, el corazón de la madera: 35 hermanos costaleros de la Hermandad de Santiago Apóstol. Paso a paso, midiendo cada centímetro con el alma, cubrieron la distancia desde la penumbra del templo hasta la portada.

Fue entonces cuando la emoción se desbordó: El sonido de los acordes solemnes de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús Redentor (de Moral de Calatrava), ataviados con sus impecables trajes y tricornios que evocan al cuerpo de la Guardia Civil, rompieron el aire. El sentimiento, un suspiro colectivo se contuvo en las gargantas al asomar la imagen. El aplauso, cuando el último esfuerzo de los costaleros salvó la rampa de la escalinata, Almagro entero y sus visitantes rompieron en un aplauso atronador, un grito de amor y respeto hacia la imagen sagrada.

El Juicio en la Plaza Mayor

Un viento gélido se levantó de repente, agitando con violencia las llamas de las velas y haciendo bailar las plumas blancas del centurión romano. Pero aquel frío cortante nada pudo hacer contra el calor humano y el fervor que arropaban al Jesús maniatado. La marea de fe lo guio por las calles adoquinadas hasta el corazón de la ciudad: la Plaza Mayor.

Frente a las puertas del consistorio almagreño, el bullicio se extinguió. Se hizo el silencio absoluto. Solo el humo denso de los incensarios flotaba en el aire mientras una voz firme comenzó a dar lectura a la desgarradora sentencia:

“Jesús estaba en pie ante el gobernador, y este le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús le respondió: «Tú lo dices.» Pero ante las acusaciones de los principales sacerdotes y de los ancianos no respondió nada… Pilato les preguntó: «¿Qué debo hacer entonces con Jesús, al que llaman el Cristo?» Y todos le dijeron: «¡Que lo crucifiquen!»”

Las duras palabras bíblicas resonaron con un eco sobrecogedor bajo los emblemáticos portales de la plaza, recordando el injusto juicio y la traición que dieron paso al sacrificio.

Un camino de sombras y esperanza

Tras el eco de la sentencia, los costaleros volvieron a alzar el peso del misterio sobre sus hombros. La procesión reemprendió su marcha, adentrándose en el laberinto del casco histórico de Almagro.

La estampa era pura poesía visual y sonora: luces titilantes a media luz, sombras gigantescas proyectadas en las fachadas blancas, banderolas agitadas por el viento y llamas que luchaban por no apagarse. El sordo restallar de los tambores y el lamento de las cornetas no hacían más que presagiar los intensos días que le quedan por vivir a esta Semana Santa almagreña. Sus calles empedradas seguirán viendo pasar la silueta de Jesús, día tras día, en un camino de dolor que solo encontrará su sentido pleno el Domingo de Resurrección, cuando el Cristo Resucitado vuelva a brillar para gloria de todos.

Anoche, Jesús de la Humildad no solo procesionó por Almagro; volvió a darnos una lección de entrega absoluta, recordándonos el valor de dar la vida por los demás. Queda en nosotros no defraudar esa entrega.

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