El Domingo de Carnaval ha arrancado en la Plaza Mayor de Almagro como mandan los cánones: con la plaza abarrotada, las ganas desatadas y la eterna pregunta flotando en el aire: “¿A que no me conoces?”.
Desde primera hora de la mañana, el centro histórico de la ciudad se convirtió en un mosaico de color, risas y disfraces imposibles. Familias enteras, grupos de amigos y visitantes se dieron cita en una mañana soleada de febrero que parecía diseñada a medida para celebrar la alegría.
Los mayores toman la Plaza… y la conquistan
Si hubo un momento capaz de levantar a la plaza en aplausos fue la actuación de la Escuela de Baile del Centro de Mayores de Almagro. Bajo la dirección de Esther, el grupo ofreció una exhibición impecable, coreografías ejecutadas al unísono y una energía que nada tiene que envidiar a cualquier academia profesional.
Piezas musicales vibrantes, pasos perfectamente sincronizados y sonrisas cómplices marcaron una actuación que el público coreó y aplaudió con entusiasmo. Fue ritmo, fue color, fue espectáculo… pero también fue ejemplo.
El baile volvió a demostrar sus múltiples beneficios: actividad física, aprendizaje continuo, socialización y bienestar emocional. Un Carnaval que no entiende de edades y que encuentra en sus mayores a algunos de sus protagonistas más queridos.
Un homenaje que hizo historia
La emoción subió un peldaño más cuando el Ayuntamiento de Almagro, a través de la Concejalía de Festejos, rindió homenaje a las comparsas que durante décadas han sido el alma del Carnaval almagreño.
Representantes de La Blanca Doble, Quijote, Globos de Colores, La Comedia y La Escacharrá recibieron el reconocimiento de todo un pueblo agradecido. Aplausos largos, abrazos sinceros y miradas cómplices marcaron un acto cargado de memoria y orgullo.
Las comparsas han llevado el nombre de Almagro más allá de sus fronteras, han construido tradición generación tras generación y han hecho del disfraz una forma de identidad.
Música, ciclismo y magro con tomate: el Carnaval no se detiene
La mañana continuó al ritmo de la Orquesta Ares, que convirtió la Plaza Mayor en una pista de baile donde vecinos y visitantes —muchos aún tras sus máscaras— no dejaron de moverse.
La fiesta vivió un instante singular con la llegada de los corredores del XXVI Memorial Lolo Sanroma, cuya prueba concluyó también en la plaza, fundiendo deporte y Carnaval en una misma postal inolvidable.
Tras el paréntesis deportivo, la música regresó con fuerza y el Ayuntamiento puso el broche gastronómico con una degustación popular de magro con tomate. Tradición, sabor y convivencia alrededor de un plato compartido que supo a celebración colectiva.
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