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jueves, enero 15, 2026

MERCOSUR. Soberanía frente al consenso suicida: tres legislaturas defendiendo España

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Desde la entrada de VOX en las instituciones, hace ya tres legislaturas, hemos sostenido una posición clara, firme y sin ambigüedades frente a los acuerdos de libre comercio y a las políticas globalistas que debilitan la soberanía nacional, erosionan el espacio económico europeo y destruyen el tejido productivo español y europeo, muy especialmente el agrario.

Conviene aclararlo desde el principio, frente a la caricatura interesada que se nos ha atribuido durante años: VOX no está en contra del comercio internacional. Todo lo contrario. Defendemos el comercio cuando es compatible con el interés nacional, cuando protege a nuestros productores, cuando respeta la reciprocidad y cuando refuerza —y no destruye— la base productiva y social de nuestras naciones.

Ahora bien, cuando los acuerdos de libre comercio se utilizan para arruinar nuestro tejido productivo, para sustituir producción nacional por importaciones desleales y para beneficiar exclusivamente a grandes corporaciones transnacionales, nos oponemos frontalmente.

Porque el tejido productivo y el empleo que proporciona a nuestros compatriotas no es una abstracción económica: tiene una dimensión social, territorial y nacional que no puede sacrificarse.

Lo hemos defendido desde el Congreso de los Diputados, y de manera muy particular desde la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación, donde he ejercido como portavoz. Allí hemos sostenido una verdad incómoda para el consenso dominante: no hay soberanía política sin soberanía alimentaria, y no puede haber una Europa fuerte si renuncia a proteger a quienes producen.

Esa posición no es nueva ni oportunista. En la primera comparecencia del Grupo Parlamentario VOX ante el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ya advertimos expresamente sobre los riesgos del acuerdo UE-Mercosur. Hablamos de hace siete años, cuando este asunto apenas ocupaba espacio en el debate público y cuando la mayoría de los grupos —especialmente socialistas y populares— lo despachaban como una cuestión técnica menor.

Desde aquel primer momento señalamos que Mercosur suponía una amenaza directa para la soberanía alimentaria, para el equilibrio del espacio económico europeo y para la viabilidad del campo español. El tiempo no ha hecho sino confirmar punto por punto aquellas advertencias, que entonces fueron ridiculizadas y hoy resultan imposibles de negar.

Esa defensa ha tenido un coste. Durante estas tres legislaturas, los diputados de VOX en la Comisión hemos sufrido insultos reiterados y descalificaciones personales por sostener esta posición. Se nos ha llamado autárquicos, retrógrados y enemigos del comercio. Y conviene decirlo con claridad: los ataques más duros no han venido solo de la izquierda, sino —de forma especialmente agresiva— del Partido Popular. No solo nos descalificaron; en el PP presumieron de haber sido ellos la vanguardia de acuerdos como Mercosur y de la adhesión acrítica a grandes agendas internacionales —Agenda 2030 y Acuerdo de París— que hoy están arruinando a agricultores y ganaderos europeos. Las intervenciones están en la hemeroteca del Congreso.

Esa es la hipocresía estructural del bipartidismo: atacar a quienes advertimos de las consecuencias y, años después, fingir sorpresa cuando el campo clama contra MERCOSUR.

El acuerdo UE-Mercosur no es un error puntual. Es el resultado coherente de más de veinte años de negociaciones y de políticas impulsadas por socialistas y populares, ejecutadas con disciplina por dirigentes como Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Ursula von der Leyen. Un proyecto sostenido de dilución de las soberanías nacionales en beneficio de grandes corporaciones transnacionales y de intereses ajenos a la mayoría de las naciones europeas.

Los datos son incontestables. En apenas once años, Europa ha pasado de representar alrededor del 25 % del PIB mundial a situarse en torno al 15 %. No es una fatalidad histórica: es el resultado directo de decisiones políticas —deslocalización, apertura comercial asimétrica, hiperregulación interna y renuncia deliberada a proteger la producción propia—. Mientras Europa se autoimpone límites ideológicos, otros avanzan. China, ajena a estas ataduras, ha incrementado su peso económico en más de un 20 %, reforzando al mismo tiempo su potencia industrial, control de recursos y de alimentos.

A esta deriva se suman otros acuerdos igualmente lesivos con países de la órbita africana —Marruecos, Egipto, Sudáfrica— que han generado competencia desleal para sectores estratégicos españoles. El caso del hortofrutícola, y en particular el tomate, es paradigmático: al productor español se le exige lo que no se exige al producto importado, sustituyendo producción nacional por importaciones gestionadas por corporaciones transnacionales.

Mercosur añade, además, un doble golpe estratégico. Por un lado, abre los mercados de Hispanoamérica a las grandes multinacionales del norte de Europa, en detrimento de las empresas españolas que durante décadas habían construido un puente directo y privilegiado con esos países. Por otro, permite que grandes empresas agroalimentarias de Hispanoamérica inunden el espacio económico europeo con productos que presionan a la baja los precios y arruinan al sector agrario europeo, especialmente en países como España, Francia o Italia.

Por eso, la moción de censura impulsada en el Parlamento Europeo por Jorge Buxadé delegado de VOX en el grupo Patriotas por Europa no es un gesto simbólico. Es la consecuencia lógica de años de coherencia política y de resistencia frente a un consenso que ha demostrado ser suicida.

Y aquí conviene decirlo sin rodeos. En España existe toda una clase política completamente inhabilitada para ser alternativa a nada. Tres décadas de bipartidismo han dejado un balance inequívoco: destrucción del tejido productivo, asfixia de pequeños empresarios, abandono del mundo rural y subordinación de los intereses nacionales a agendas ajenas.

La ruina no es una hipótesis futura: es una realidad presente. Europa no se empobrece por accidente. Se empobrece por decisiones políticas. Y ese ciclo tiene que terminar.

VOX no ha cambiado de posición en defensa de España.

Otros, sencillamente, han quedado retratados.

Ricardo Chamorro
Diputado Nacional de VOX por Ciudad Real

(Nota de la Redacción: Las Opiniones de usuarios y colaboradores no tiene por qué corresponderse forzosamente con la línea editorial de Almagro Noticias, la cual promueve la pluralidad de opiniones en el marco de los principios y valores sobre los que se sustenta.)
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