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viernes, enero 23, 2026

Más de 143 años endulzando generaciones desde el corazón de Almagro

Almagro reconoce la trayectoria histórica de la Confitería de Ángel Molina con una placa conmemorativa

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Ya en la década de los años cincuenta del pasado siglo XX, la Confitería de Ángel Molina era un referente indiscutible no solo en Almagro, sino en buena parte de la comarca y de la provincia de Ciudad Real. Su prestigio trascendía el ámbito local hasta el punto de figurar en la prensa provincial de la época, donde anunciaba sus productos a través de campañas publicitarias tan cuidadas como la realizada por la histórica Agencia de Publicidad “Salas”, ejemplo del arraigo social y comercial de un establecimiento que ya entonces formaba parte del imaginario colectivo.

Sin embargo, la historia de esta emblemática confitería se remonta aún más atrás en el tiempo. Desde 1882, la pastelería y confitería de Ángel Molina, ubicada en la Calle Mayor de Carnicerías, ha mantenido abierta su actividad de forma ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los negocios más antiguos de la localidad y en un auténtico símbolo del comercio tradicional almagreño.

A lo largo de más de 143 años de historia, el escaparate de la Confitería de Ángel Molina ha seguido siendo una ventana abierta al mundo del sabor, la artesanía y la tradición. Tras sus cristales se despliega un universo de dulces elaborados con mimo, con manos expertas y con la sabiduría que solo concede el paso del tiempo. Un reclamo irresistible para vecinos y visitantes que, al cruzar frente a su fachada, no pueden permanecer ajenos a esos bocados de placer que despiertan los sentidos y evocan recuerdos de infancia, celebraciones familiares y tradiciones compartidas.

Los famosos cubiletes de nata, los hornazos tradicionales —con o sin huevo—, las tortas de azúcar, mantecados, flores, roscones, pastas, bambas de nata y un amplio surtido de pasteles y dulces artesanos componen una oferta que ha sabido mantenerse fiel a sus raíces sin renunciar a la excelencia. Cada pieza es el resultado de una elaboración cuidadosa, respetuosa con las recetas heredadas y con una identidad propia que distingue a la confitería desde hace generaciones.

Un reconocimiento institucional a la labor silenciosa de generaciones

Hoy, viernes 23 de enero, el Ayuntamiento de Almagro tiene previsto rendir un merecido homenaje a esta trayectoria ejemplar, reconociendo públicamente la labor callada, constante y profundamente arraigada de la familia de Ángel Molina. Un trabajo que ha perdurado a través de los años, superando cambios sociales, económicos y culturales, y que ha contribuido de manera decisiva a preservar la identidad gastronómica y comercial del municipio.

El acto institucional, programado para la tarde de este viernes a partir de las 19:30 horas, consistirá en la entrega de una placa de reconocimiento familiar a la Confitería de Ángel Molina, como símbolo del agradecimiento colectivo de Almagro a una saga de artesanos que ha hecho del esfuerzo, la constancia y el amor por el oficio su seña de identidad.

Pese a la escasa difusión pública del evento, el gesto institucional adquiere un profundo valor simbólico: pone en valor la importancia del comercio tradicional, del emprendimiento familiar y de aquellas empresas que, lejos de las grandes cadenas y de la producción industrial, han sostenido la economía local y la vida social de los pueblos durante más de un siglo.

Con este reconocimiento, Almagro además de homenajear a una confitería histórica, reivindica un modelo de negocio basado en la cercanía, la calidad y la transmisión de conocimientos entre generaciones. Un legado que sigue vivo cada día, detrás de un escaparate que continúa despertando sonrisas, antojos y emociones.

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