15.9 C
Almagro
martes, marzo 31, 2026

La media verdad que distorsionó el incidente del Santo Sepulcro

spot_img

Noticias Recomendadas

Seguro que todos estamos al tanto de la polémica surgida como consecuencia de que el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Católico Latino de Jerusalén, intentó acceder a los Santos Lugares para celebrar una misa y le fue negado el paso. Nada más ocurrir, los medios de comunicación comenzaron a lanzar la noticia explicando sólo una parte de la verdad, omitiendo el resto. La forma en que se difundió la noticia me induce a pensar que el conocimiento de la verdad completa no fue prioritario. Mi intención no es presentar una verdad alternativa, sino recordar elementos del contexto que pasaron desapercibidos. La media verdad motivó el surgimiento de un estado cargado de tensiones en todo el mundo, incluyendo declaraciones aisladas y reacciones precipitadas. Una vez más, la propaganda ganó a la realidad.

No soy partidario, incluso en tiempo de guerra, de que se use la manipulación para crear una opinión en la gente. De ahí que me permito hacer un examen cuidadoso de lo que realmente ocurrió, dando a conocer los hechos —muy distintos a los difundidos por numerosos medios, figuras políticas importantes y algún jerarca católico destacado—. Las primeras narraciones públicas —amplificadas con rapidez tanto en los titulares de los medios de comunicación como en mensajes en redes sociales— afirmaban de un ataque del Estado de Israel contra la Iglesia Católica. Interpretación que no era completa: una media verdad que hacía distorsionar la realidad de lo sucedido.

No hay nada que objetar con relación a la afirmación de que la policía israelí impidió el acceso del Patriarca Latino de Jerusalén al Santo Sepulcro para celebrar una misa privada en el día del Domingo de Ramos. Era la primera vez en siglos que esto sucedía. Esta información no reflejaba la totalidad del contexto. Expresemos, por tanto, la verdad completa. Según comunicados difundidos por las autoridades israelíes y reflejados en distintos medios, cuando comenzó la guerra contra Irán el gobierno israelí determino que se cerraran todos los lugares santos: el Santo Sepulcro, la explanada de las mezquitas y el muro de las lamentaciones. Como así lo recogieron la mayoría de los medios de comunicación —ABC, El País y El Mundo—. Por tanto, nadie podía visitarlos desde el inicio del conflicto y no fue una medida sólo contra los cristianos, sino una norma que se aplicó uniformemente a las tres religiones monoteístas. El cierre era general, aunque las autoridades podían autorizar accesos excepcionales por motivos religiosos. Sin embargo, en este caso la solicitud no se gestionó previamente y el protocolo se aplicó de forma estricta. Y más cuando dichos lugares han sido objetivo de misiles iraníes, dando lugar a que fragmentos de proyectiles cayeran allí, lo que originó protocolos de emergencia limitando cualquier reunión religiosa.

Conviene distinguir aquí dos planos informativos: por un lado, la noticia del bloqueo al cardenal —donde muchos medios omitieron el contexto—; y por otro, las informaciones previas en las que esos mismos medios sí explicaron que Israel había cerrado todos los lugares santos por motivos de seguridad. Es claro que la decisión de no dejar pasar al cardenal no respondió a una mala fe, sino a preocupaciones por la seguridad del cardenal y de quienes le acompañaban. Las amenazas en Jerusalén son una realidad, y si añadimos que no es posible garantizar rutas de evacuación ante un ataque, el motivo de denegación fue lógico. Si bien es cierto que la administración del Estado de Israel cometió un error, porque los policías que impidieron la entrada tuvieron la oportunidad de comunicar la visita del Patriarca Latino de Jerusalén a sus superiores, para que determinaran qué opción tomar ante esta situación.

Sin embargo, todas las reacciones públicas incidieron sólo en el aspecto más llamativo: la imagen de la policía israelí bloqueando el paso del principal líder católico en Tierra Santa. No informaron que los lugares santos judíos y musulmanes también permanecían cerrados. Y como católico que soy, me desilusionó que la cadena COPE participara de este relato, obviando que el cierre formaba parte de una medida general. ¿Cómo puede ahora explicar la Conferencia Episcopal Española que su medio de comunicación pasara de buscar la verdad? Y no sólo eso, sino… ¿cómo explicar ese doble rasero de algunos católicos de base, al que habría que añadir algún jerarca, que admitieron —sin rechistar— la prohibición de misas en el tiempo que duró el COVID mientras echan pestes contra Israel por limitar los cultos en una situación de guerra y ataque con misiles a las zonas de culto? A quien planteamos esto nos llaman ahora cristianos sionistas, sólo por buscar la verdad e intentar cumplir el octavo mandamiento de la Ley de Dios.

A esta narración se sumaron, desde sus cuentas de X —antes Twitter— líderes políticos como Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, contribuyendo a una narrativa incompleta de lo sucedido. Reacciones políticas que reforzaron la idea de una ofensa contra el cristianismo, lo que —repito— no se corresponde con la realidad de los hechos. Y también hubo reacciones del obispo José Ignacio Munilla —caracterizado por sus críticas contra Netanyahu, pero no tanto con el régimen iraní que mata católicos en diversas partes del continente africano— afirmando que a ver si de una vez —en relación con la noticia de que Israel impidió al cardenal Pizzaballa celebrar la misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro— esa dura noticia abría los ojos de tantos cristianos cuyo posicionamiento ante la guerra es más ideológico que evangélico. Palabras que, analizadas por cualquiera que se preocupe por la verdad, son pura y simplemente propaganda: omite que Irán está lanzando duros ataques y que el cascote de un misil cayó cerca de los Santos Lugares. Sus palabras no hacen referencia a las razones de seguridad, ni al cierre generalizado. Ni a la rectificación posterior de las autoridades israelíes. Debería haber añadido más información a su denuncia, cosa que pasó por alto. Para conocer la verdad de un hecho es necesario explicar el contexto real. Así podrá ser juzgado íntegramente.

También Meloni y Orban, en sus críticas a Israel, se han quedado en la media verdad. La italiana calificó la decisión israelí como “una ofensa a la libertad religiosa”, expresando su solidaridad con el Patriarca Latino de Jerusalén. Orban también participó en la condena internacional frente a la actuación israelí. Incluso VOX ha exigido explicaciones y rectificaciones al gobierno de Israel.

Frente a estas reacciones, la respuesta israelí fue inmediata y clara. Netanyahu ha dado instrucciones para que “se le conceda al cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino, acceso pleno e inmediato a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén”, instruyendo a las autoridades para que permitieran al Patriarca celebrar los servicios religiosos como él deseara. El presidente de Israel, Isaac Herzog, telefoneó directamente al cardenal para expresarle su “profundo pesar por el lamentable incidente” y reafirmar el compromiso con la libertad religiosa. Estas rectificaciones fueron claras y directas, y muestran que el incidente no formó parte de ninguna política deliberada de discriminación religiosa. Herzog reitero su “compromiso inquebrantable del Estado de Israel con la libertad de culto para los miembros de todas las religiones, y la importancia de mantener el statu quo en los lugares sagrados de Jerusalén”.

De todo lo dicho se desprende que la verdad completa nunca se correspondió con las narraciones iniciales y que no permitir el acceso al cardenal Pizzaballa fue un error dentro de un protocolo general de seguridad, no una acción dirigida contra el cristianismo, como inicialmente se ha querido transmitir. Israel ha rectificado inmediatamente, mientras que los que han difundido versiones incompletas —políticos, medios y algún líder religioso— aún no lo han hecho. Esa persistencia en no rectificar permite sospechar que la versión inicial fue construida de forma consciente. Se ha querido construir un relato priorizando el impacto emocional sobre la verdadera información. Pero al final la verdad ha vuelto a ganar la batalla en esta guerra que, Dios quiera, termine cuanto antes y beneficie al pueblo iraní.

Y si el cardenal Pizzaballa sabía que los Santos Lugares estaban cerrados por motivos de seguridad, ¿por qué se presentó allí? ¿No habría sido más lógico que, el día antes del Domingo de Ramos, contactara con las autoridades israelíes a fin de pedir permiso para acceder a celebrar la misa que tenía en mente? No tengo la menor duda de que dicha instancia no le habría sido negada y este problema diplomático se hubiera evitado.

Corpus Ruiz Fernández

(Nota de la Redacción: Las Opiniones de usuarios y colaboradores no tiene por qué corresponderse forzosamente con la línea editorial de Almagro Noticias, la cual promueve la pluralidad de opiniones en el marco de los principios y valores sobre los que se sustenta.)
- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias