Hay noticias que provocan una reacción inmediata de incredulidad, otras generan indignación y algunas, simplemente, producen una sensación amarga difícil de describir. La reciente publicación en la prensa de los resultados económicos del Consorcio de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) de Ciudad Real pertenece, sin duda, a esta última categoría. Leer que el organismo encargado de gestionar los residuos de prácticamente toda la provincia cerró el ejercicio 2025 con un resultado presupuestario cercano a los 800.000 euros y un remanente positivo de tesorería de aproximadamente 2.700.000 euros provoca una inevitable sensación de ictericia moral. No por los números en sí, sino por lo que esos números esconden.
Porque mientras el Consorcio presume de solvencia económica, mientras se felicita por la estabilidad de sus cuentas y proyecta nuevas inversiones, hay un municipio que sigue cargando con una realidad incómoda, silenciosa y profundamente injusta: Almagro.
No es un detalle menor. En el término municipal de esta histórica localidad ciudadrealeña se encuentra el Centro de Tratamiento de Residuos, el gran vertedero que recibe la basura de casi la totalidad de la provincia. Un complejo que se sitúa a escasos y poquísimos kilómetros del casco urbano, a una distancia que, en términos ambientales y sociales, resulta difícilmente justificable cuando hablamos de una ciudad con un patrimonio cultural universalmente reconocido, donde conviven la Plaza Mayor y el Corral de Comedias, joyas del patrimonio histórico, con una instalación que simboliza lo contrario: la acumulación de residuos de todo un territorio.
Y sin embargo, lo verdaderamente sorprendente no es que el vertedero exista. Lo verdaderamente sorprendente es que el Consorcio RSU presuma de buena salud financiera mientras ignora sistemáticamente las reivindicaciones del municipio que soporta la infraestructura.
Superávit para invertir, silencio para compensar
El propio Consejo de Administración del Consorcio, en el que participa el segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de Almagro, Genaro Galán García, ha destacado como uno de los acuerdos más relevantes el inicio del expediente de licitación para la gestión de las plantas del Centro de Tratamiento de Residuos de Almagro. Una decisión que abre la puerta a la mayor inversión realizada en estas instalaciones en los últimos años, cifrada en más de 10 millones de euros.
El objetivo oficial es modernizar las plantas de tratamiento, mejorar la recuperación de materiales y adaptar las instalaciones a las exigencias de economía circular y sostenibilidad ambiental que marca la normativa europea y estatal.
Sobre el papel, el proyecto puede parecer impecable. Pero la realidad es otra muy distinta.
Porque mientras se anuncian millones para mejorar las instalaciones del vertedero, el Consorcio sigue sin atender la petición básica del Ayuntamiento de Almagro: la firma de un convenio que establezca una compensación económica anual de 400.000 euros por albergar el vertedero provincial.
Una compensación que no es un capricho ni una ocurrencia política, sino una cuestión elemental de justicia territorial y ambiental. En muchas regiones de España, los municipios que acogen infraestructuras de este tipo reciben compensaciones económicas por el impacto que soportan. En Almagro, sin embargo, la respuesta ha sido el silencio administrativo.
Ni negociación, ni propuesta, ni explicación. Simplemente, oídos sordos.
El precio cotidiano de la basura
La paradoja es difícil de digerir. Un organismo con superávit presupuestario y millones en tesorería no considera prioritario compensar al municipio que alberga el vertedero provincial.
Mientras tanto, la realidad diaria para los vecinos es mucho menos elegante que los informes económicos.
En Almagro se convive día tras día con los olores nauseabundos que emanan del vertedero, una situación que muchos vecinos describen como una auténtica agresión ambiental permanente. No se trata de episodios puntuales, sino de una realidad que aparece con frecuencia en determinadas condiciones meteorológicas y que recuerda constantemente la proximidad de una instalación que gestiona la basura de casi toda la provincia.
A ello se suma una contradicción difícil de explicar: el municipio que soporta el vertedero ni siquiera disfruta de un servicio ejemplar de recogida de residuos.
Los fines de semana y festivos son habituales las acumulaciones de bolsas en los contenedores, consecuencia de una recogida que no se realiza diariamente. Una imagen que contrasta con el discurso institucional sobre la eficiencia del sistema.
Y cuando el Ayuntamiento solicita la reposición de contenedores deteriorados, extraviados o inexistentes, la respuesta del Consorcio resulta casi surrealista: no hay contenedores para sustituirlos.
No hay contenedores nuevos, pero sí 10 millones para ampliar y modernizar el vertedero.
La contradicción es tan evidente que roza el esperpento administrativo.
La memoria incómoda de la hemeroteca
Pero quizá el elemento más incómodo de esta historia se encuentra en la memoria política.
Porque hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que la oposición al vertedero era un discurso habitual en la política local. En marzo de 2019, el entonces dirigente de Ciudadanos Almagro, Genaro Galán, impulsaba un lema que resumía el sentimiento de buena parte de la ciudadanía:
“Almagro dice NO al vertedero. La SALUD es lo PRIMERO.”
En aquel momento se denunciaba que el PSOE incumplía sistemáticamente las medidas aprobadas en el pleno municipal, entre ellas la negativa a conceder nuevas licencias para vertederos mientras no se cumpliera la normativa vigente, la creación de un observatorio municipal de seguimiento de los vertidos, la reforestación del entorno para minimizar el impacto ambiental o el control de la contaminación de las aguas subterráneas.
Las hemerotecas son implacables. Y cuando la política cambia de posición, las palabras del pasado adquieren una fuerza incómoda.
Hoy, aquel eslogan resuena con una ironía casi cruel.
Porque el vertedero no solo sigue ahí, sino que se prepara para una inversión millonaria que garantizará su continuidad durante décadas.
Diez millones para consolidar el problema
La inversión anunciada por el Consorcio no significa la desaparición del vertedero ni su reducción progresiva. Todo lo contrario.
Significa modernizarlo para que siga funcionando durante muchos años más.
Es decir, consolidar definitivamente el modelo actual: la basura de toda la provincia concentrada a las puertas de Almagro.
Mientras tanto, los vecinos continúan pagando el precio invisible de esa decisión. No en impuestos adicionales, sino en algo mucho más difícil de cuantificar: calidad de vida, imagen turística, impacto ambiental y sensación de abandono institucional.
Porque al final, la cuestión no es solo económica, aunque los ciudadanos almagreños continúan pagando religiosamente (y con subidas) la factura de la basura (cosa que deberían estar exentos).
Al final, la cuestión no es solo económica como decía anteriormente, la cuestión es de dignidad territorial.
Un pueblo que merece algo más que silencio
Almagro no es un municipio cualquiera. Es uno de los símbolos culturales de Castilla-La Mancha, una ciudad con una proyección internacional ligada al teatro clásico, al patrimonio histórico y al turismo cultural.
Resulta difícil comprender cómo un lugar que representa uno de los principales activos culturales de la región debe convivir con el vertedero provincial prácticamente a las puertas de su casco urbano.
Y resulta aún más difícil entender que, cuando sus representantes solicitan una compensación económica razonable, la respuesta sea la indiferencia administrativa.
Porque si el Consorcio puede presentar superávit, si dispone de millones en tesorería y si planea inversiones multimillonarias, entonces la pregunta es inevitable:
¿Por qué no puede atender la petición de Almagro y sigue ninguneando a todos los almagreños?
Cuando la paciencia se agota
Quizá la verdadera incógnita no sea la política del Consorcio, sino la capacidad de resistencia del propio municipio.
Durante años, los almagreños han convivido con una realidad incómoda que parecía provisional pero que se ha convertido en permanente. Han escuchado promesas, anuncios y discursos institucionales mientras la montaña de residuos seguía creciendo.
Pero las sociedades cambian cuando la paciencia se transforma en movilización.
Tal vez algún día vuelva a resonar con fuerza aquel lema que hoy duerme en las hemerotecas:
“Almagro dice NO al vertedero. La SALUD es lo PRIMERO.”
Porque si algo demuestra esta historia es que los números pueden cuadrar perfectamente mientras la justicia territorial sigue sin aparecer en las cuentas.
Y mientras el Consorcio celebra sus superávits y proyecta millones en inversiones, Almagro continúa pagando la factura invisible de la basura de casi toda una provincia.
Manuel García Sánchez

