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miércoles, febrero 25, 2026

El Paseo interminable: 134 días después, la paciencia también se levanta

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Han pasado 134 días completos desde que el 14 de octubre de 2025 el Ayuntamiento de Almagro inició oficialmente las obras del Paseo de la Plaza de Toros. Casi cinco meses después, lo que debía ser una actuación de mejora urbana se ha convertido, para muchos vecinos, en un escenario de polvo, cascotes y promesas aplazadas.

La intervención arrancó con tareas previas de desmontaje y limpieza: retirada de bancos, papeleras, farolas y árboles. Después, la renovación integral de las redes de saneamiento y abastecimiento de agua potable, junto a la modernización del alumbrado público con criterios de eficiencia energética. Sobre el papel, una actuación necesaria. En la realidad cotidiana, un paseo convertido en un campo de batalla.

Hoy el Paseo de la Plaza de Toros continúa sin pavimentación, sin embaldosado, con agujeros, escombros y zonas sin señalización clara. A simple vista, la obra parece estancada. Y aunque desde la concejalía de Obras se ha atribuido la paralización a impedimentos climatológicos, lo cierto es que hace días que no llueve y la situación no ha variado.

La mejora prometida en la calidad de vida de los ciudadanos ha seguido el camino inverso. No solo no ha mejorado, sino que ha empeorado sustancialmente para quienes soportan a diario accesos complicados a sus viviendas, falta de itinerarios peatonales seguros y una imagen urbana degradada.

La polémica de los árboles: memoria talada

Uno de los episodios más controvertidos fue la tala sistemática del arbolado. Tronco a tronco, el Paseo quedó marcado por una hilera de tocones que muchos vecinos interpretaron como una herida abierta en la memoria colectiva de Almagro.

El Partido Popular alzó la voz denunciando que la sustitución total del arbolado suponía “una pérdida ambiental irreparable” y que no solo se destruía paisaje urbano, sino identidad. Una acusación dura, pero que conectó con el sentimiento de numerosos ciudadanos que veían desaparecer, en cuestión de días, décadas de sombra y vida.

Seguridad en entredicho

Hace apenas diez días, el PP volvió a denunciar lo que calificó de “grave falta de medidas de seguridad, supervisión y atención”. Entre los aspectos señalados: Ausencia de zona peatonal segura y delimitada, dificultades para garantizar la entrada y salida de vecinos a sus viviendas, hierros expuestos sin protección, agujeros sin señalización visible, vertido de escombros sin control en una zona especialmente transitada (la cual ya ha sido limpiada tras la denuncia pública de los populares almagreños).

Se trata de un entorno urbano consolidado, frecuentado por familias, personas mayores y menores. La crítica no es menor: cuando una obra pública compromete la seguridad cotidiana, la confianza institucional se resiente.

Ritmo de obra y escepticismo vecinal

En redes sociales crece el hartazgo. Algunos vecinos se preguntan si las obras durarán los seis meses prometidos; otros, más escépticos, auguran que se prolongarán bastante más. Se critica también la escasa presencia de operarios en determinados momentos, lo que alimenta la sensación de abandono y de que, cuando llegue el momento de concluir, todo se hará deprisa y sin el rigor necesario.

Es cierto: la climatología ha sido un obstáculo real durante semanas. Las lluvias han condicionado el avance. Pero cuando el tiempo mejora y la obra permanece en el mismo punto, la explicación meteorológica pierde fuerza.

Una pregunta que flota en el aire

¿Cuándo se retomará con normalidad la actividad en el Paseo de la Plaza de Toros? ¿Cuándo dejará de ser un espacio degradado para volver a ser un lugar de encuentro, paseo y convivencia?

Las obras públicas son necesarias. Las molestias, a veces inevitables. Pero lo que resulta difícil de aceptar es la falta de ritmo, de información clara y de calendario visible. La ciudadanía no solo necesita infraestructuras modernas; necesita certidumbre, planificación y respeto.

Almagro no puede permitirse paseos eternamente a medio hacer. Porque cuando el polvo se asienta, lo que queda no es solo un suelo sin embaldosar, sino la percepción de que algo se ha gestionado mal. Y esa, a diferencia del pavimento, cuesta mucho más tiempo reconstruirla.

Manuel García Sánchez

(Nota de la Redacción: Las Opiniones de usuarios y colaboradores no tiene por qué corresponderse forzosamente con la línea editorial de Almagro Noticias, la cual promueve la pluralidad de opiniones en el marco de los principios y valores sobre los que se sustenta.)
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