La luz del día se rinde ante el avance lento de la penumbra en la Ermita de la Magdalena. El aire en Almagro, denso y cargado de una expectación que se hereda de padres a hijos, se detiene por un instante. Es Miércoles Santo, y en los rostros de los almagreños y visitantes que abarrotan la plazoleta de la Ermita no hay prisa, solo una devoción silenciosa que aguarda el encuentro con la mirada de Jesús Rescatado.
El encuentro de dos miradas
A las puertas del templo, la escena desborda una humanidad divina. “El Moreno”, como se le llama con esa cercanía que solo nace del cariño más profundo, se prepara para cruzar el dintel. Junto a él, Santa María Magdalena le escolta con lágrimas permanentes en los ojos. Es una tristeza con memoria: ella recuerda al Jesús que caminó junto a los apóstoles, pero ahora lo ve maniatado, cautivo de su destino.
Resulta conmovedor pensar que esa misma mujer, que hoy llora al verle preso, fue la primera en anunciar la victoria sobre la muerte. Por eso, el eco de los siglos la llama la “Apóstol de los Apóstoles”, la primera mensajera de la alegría que hoy camina detrás del dolor.
El estremecimiento de los sentidos
De pronto, el murmullo de la multitud se apaga. Silencio. Un silencio absoluto que solo se rompe por el sonido metálico y rítmico del tañir de la campana del paso. Es el aviso: el Moreno está en la calle.
“El Moreno asoma por las portadas vestido con la elegancia del sacrificio: terciopelo morado, un cordón dorado que ciñe su túnica y la corona de espinas hiriendo sus sienes”.
En ese momento, la Agrupación Musical Santa Verónica de Membrilla rompe el aire con una melodía de recibimiento que hace vibrar el pecho de los fieles. Los aplausos estallan, no como un festejo, sino como un desahogo del alma ante la imagen que tanto tiempo han esperado ver.
Los pies del Señor
El caminar de Jesús Rescatado es un milagro de coordinación y fe. Parece no tocar el suelo, como si levitara sobre los adoquines. Pero bajo el trono de madera, la realidad es de esfuerzo y entrega: 46 portadores se convierten en los pies del Moreno. En un silencio absoluto, cargando con el peso de la madera y de sus propias promesas, guían al Señor a través del casco histórico.
Acompañando el paso, la fila de penitentes dibuja una estela morada: Túnicas y capirotes de terciopelo morado que absorben la luz de las cirios. Cíngulos dorados con la medalla de la hermandad brillando en la cintura. Guantes blancos impolutos donde destaca la cruz trinitaria. Escapularios que cuentan una historia de redención: la “S” y el clavo en la espalda, y la cruz trinitaria sobre el corazón.
Testigos de piedra en la Plaza Mayor
La Plaza Mayor de Almagro, ese corazón de piedra y madera que es el orgullo de La Mancha. Los soportales históricos, que han visto pasar siglos de historia, se convierten un año más en testigos mudos. Bajo la sombra de sus columnas, la figura del Moreno se recorta contra la arquitectura secular, creando una estampa que parece detenida en el tiempo.
El camino termina, por ahora, en la Iglesia de San Blas. Allí será recibido y acogido, envuelto en el calor de un pueblo que no lo deja solo. Hasta que la próxima salida la campana vuelva a sonar, Almagro guardará en su memoria el paso cadencioso, el aroma a cera y la mirada serena de su Moreno, el Dios que camina sobre los adoquines.
»»»Galería de imágenes en la página del facebook de Almagro Noticias«««

