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lunes, febrero 2, 2026

De Cagancho a la Verdad

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A veces, la verdad se encuentra oculta en pequeños detalles que pasan desapercibidos. Aparecen justo al lado de información que, inicialmente, es mucho más interesante para aquellos que nos dedicamos a desenterrar legajos del tiempo pasado y leer el contenido de sus folios. Hojeando uno de ellos, relativo a lo que pasó en los últimos años con la vida de los freires del Sacro Convento de Calatrava la Nueva, en sus papeles amarillentos vi plasmada, en el margen superior izquierdo, la imagen del que fue el último sello usado por el Prior, cuando se reunía en Capítulo con todos los frailes ancianos. Era un informe aceptando, en parte, lo solicitado por quien, durante casi cuarenta años, dedicó su trabajo a lavarles la ropa. Era la lavandera María Candelas Carabantes, natural de Almagro y viuda de Pedro Fernández Rubio, guarda de una de las dehesas de la Orden. Esas trece páginas del expediente contenían la solicitud, la tramitación y la resolución de lo que podríamos llamar la pensión de jubilación de esta mujer, que tenía una edad de setenta años.

Haber encontrado algo así —era la primera vez que lo veía— me emocionó. Pasadas unas horas, estando trabajando con un software de imágenes, saltó la chispa: el sello debía escanearlo para, posteriormente, limpiar esa imagen y vectorizarla. Existía la posibilidad de crear un sello que contuviera un pedacito de nuestra historia encerrada, hasta esos momentos, en un archivo. Un fragmento de historia que incluso podría venderse, como souvenir, en tiendas de Calzada de Calatrava. Y esto ya es realidad, porque en la Papelería Castillo y en la Imprenta San José, tanto los vecinos como los que visitan el pueblo, pueden adquirir una copia del sello que los freires usaron en el Sacro Convento.

A los pocos días de estar disponible el souvenir en los comercios ya citados, saltó la liebre. En este mismo periódico digital, bajo el título ‘Cagancho en Almagro’, informaban de un error del ayuntamiento en el diseño del escudo de una placa homenaje a la confitería Ángel Molina, tras casi siglo y medio de servicio a los almagreños. Quien diseñó la placa olvidó incluir las trabas de sable al escudo de Almagro. Fue justo en ese momento, al leer el artículo, cuando la historia dio un vuelco: me asaltó la duda al comprobar que las trabas de sable (esos eslabones que acompañan a la Cruz de Calatrava) en el escudo de Almagro no coincidían con las del sello que yo había encontrado en el expediente de María. Es evidente que esos detalles han evolucionado mucho con el paso del tiempo, me dije.

Sabía que en el Portal de Archivos Españoles (PARES) se custodiaba una colección de sellos de todos los pueblos de España, enviados al Archivo Histórico Nacional tras la Real Orden de 1876. Me puse a buscar y, efectivamente, allí estaban.

Sellos de la Alcaldía y del Ayuntamiento Constitucional, de la 1ª, 2ª y 3ª Tenencia de Alcalde, de la Casa de Caridad y de la Junta Local de Instrucción Pública de Almagro (Ciudad Real). Fuente: Archivo Histórico Nacional

La comparativa que ves en la imagen habla por sí sola: mientras que casi todos los sellos oficiales —ayuntamiento o alcaldía— siguen un diseño estándar, el de la Junta Local de Instrucción Pública rompe la norma. El diseño de las trabas de sable coincide casi milimétricamente con el del Sacro Convento de Calatrava la Nueva. Que fuera precisamente la institución encargada de la educación y la cultura la que eligiera ese diseño «conventual» es una pista reveladora. Para mí, es evidente que sabían perfectamente de dónde veníamos y quisieron respetarlas.

El error en la placa de la confitería homenajeada ha terminado cumpliendo el refrán de que «no hay mal que por bien no venga». Y lo que comenzó siendo un despiste de diseño ha servido para poner sobre la mesa una pregunta, quizás incómoda, sobre todo para los que diseñaron el escudo: ¿no sería mejor elegir modelo para las trabas de sable el sello de la Junta de Instrucción Pública, para que no pierda su esencia y así recuperar la forma original?

Por ahora, la prueba documental está ahí y la duda queda sembrada. Al fin y al cabo, la historia de Almagro es un libro abierto, pero para leerlo bien, a veces hay que fijarse en la mancha de tinta que dejó un viejo sello en un documento del primer tercio del siglo XIX.

Corpus Ruiz Fernández

(Nota de la Redacción: Las Opiniones de usuarios y colaboradores no tiene por qué corresponderse forzosamente con la línea editorial de Almagro Noticias, la cual promueve la pluralidad de opiniones en el marco de los principios y valores sobre los que se sustenta.)
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