Almagro ha cumplido con el ritual. Y lo ha hecho como mandan los cánones del desenfado, la tradición y la ironía más castiza. La insigne Doña Leonor Sardina de la Vega, duquesa de las Conservas y marquesa del Escabeche Selecto, ha sido despedida con todos los honores tras un cortejo fúnebre que quedará para los anales del Carnaval 2026.
Porque en Almagro, cuando se llora, se llora bien. Y cuando se ríe… se hace hasta que duelen las costillas.
Un cortejo de alto copete (y alto contenido en omega 3)
El solemne desfile partió desde la Iglesia de San Blas, donde el catafalco portaba los restos mortales de la finada con la dignidad que corresponde a quien ha reinado en salazón y escabeche durante todo un Carnaval.
Abría la comitiva el féretro sardinesco, escoltado por “Sus Cachondísimas 2026”, auténticas plañideras oficiales del reino del humor, y por un nutrido grupo de vecinos ataviados con riguroso luto. Negros impolutos, gafas de sol estratégicamente colocadas y pañuelos preparados para el drama.
Las coronas de laurel —muchas, muchísimas— acompañaban a la difunta en un despliegue vegetal digno de laurel olímpico.
Los lamentos resonaban con teatralidad sublime:
— “¡No somos nadie!”
— “¡Se nos ha ido la alegría del barrio!”
— “¡Quién nos va a salar ahora la vida!”
El dolor era inconsolable. O al menos lo parecía entre suspiros estratégicamente calculados.
La calle San Agustín, pasarela del duelo más irreverente
La comitiva avanzó por la calle San Agustín en un silencio solemne que solo era interrumpido por sollozos perfectamente afinados y alguna que otra carcajada que escapaba traicionera.
Cerrando el cortejo, con la solemnidad que caracteriza a las grandes ocasiones… apareció la Charanga Los Desmadraos, llegada expresamente desde Pozuelo de Calatrava.
Y claro, cuando “Los Desmadraos” tocan, la pena se convierte en verbena. Trompetas al viento, letras desenfadadas y ritmos que hacían imposible distinguir si aquello era un funeral o la antesala de una boda con barra libre.
El contraste fue sublime. Drama y cachondeo. Luto y lentejuela. Lágrima y carcajada.
Carnaval en estado puro.
Última vuelta triunfal en la Plaza Mayor
A su llegada a la emblemática Plaza Mayor de Almagro, el cortejo dio una vuelta de honor para que el numeroso público pudiera presentar sus condolencias a la familia de la finada.
Fue un momento de recogimiento… relativo.
Aplausos contenidos, gestos dramáticos y alguna reverencia exagerada marcaron la despedida pública. La Plaza Mayor se convirtió en capilla ardiente al aire libre, en un escenario donde el teatro del Carnaval se representó con matrícula de honor.
Las últimas voluntades de una aristócrata del escabeche
En el centro de la Plaza, ya dispuesta la pira funeraria, tomó la palabra la almagreña Amalia Colorado, encargada de leer las últimas voluntades de Doña Leonor Sardina de la Vega.
Testamento cargado de ironía, recuerdos imborrables y alguna que otra pulla carnavalesca que provocó risas cómplices entre el respetable.
La difunta, generosa hasta el final, dejó como legado buen humor, salero y la firme promesa de regresar el próximo año bajo nueva identidad y, probablemente, nuevo título nobiliario.
Últimas palabras de Doña Sardina
“Yo soy Doña Leonor Sardina de la Vega, actriz por vocación, sardina por destino,
y antes de arder, que el tiempo ya se entrega,
cuento mi vida entera… que bien lo mereciera.
Nací hace trescientos noventa y ocho inviernos,
con más arte que suerte y más tablas que estrenos.
Soñé con el Corral de Almagro celebrado,
que alzó Don Leonardo, presbítero honrado, mecenas del teatro, de fe y de buen honor,
que dio tablas al mundo… mas a mí, no favor.
Probé con verbo, gesto, pasión y empeño,
y al ver que no bastaba tan noble desempeño,
mostré escote y pantorrilla sin rubor ni malicia,
que a veces el teatro entra mejor por caricia.
Mas puertas siempre cerradas, promesas al viento,
hicieron larga y triste mi vida y mi intento;
y hallé cierto consuelo, no lo voy a negar, en chatos de buen vino manchego y algo que picar.
Entre ensayo y desvelo, más de una vez cayó
un queso bien curado… y el alma se alegró.
Creí en nobles promesas de alto apellido, un tal de Calatrava, muy recto y fingido;
juróme un papel grande, lucido y sonoro,
y no me dio ni el de apuntar… ¡vive Dios que lo lloro!
Todo quedó en secreto, que es cosa sabida
que juraban castidad… pero según venía la vida….
Llamé a nobles y plebeyos, gasté suela y razón,
y al Ayuntamiento fui con humilde intención;
mas siempre me dijeron, sin prisa y sin pesar:
“Ya veremos, señora… vuelva usted a pasar”.
Y hoy que llega mi fin, sin estreno ni gloria, entro al fin en escena y hago historia:
a la Plaza Mayor de Almagro llego al final,
en catafalco elegante, solemne y funeral,
más tiesa que un verso torpe… pero actriz principal.
Muero como viví, sin tablas ni telón,
actriz sin escenario, sardina sin función;
que si nunca pisé el Corral, quede entendido aquí:
no fue falta de talento… fue olvido hacia mi.
Leed esto en voz alta, con pausa y con humor,
alzando bien la ceja, que es teatro y es honor;
que quien hoy me lea, aunque no sepa actuar,
lo hará mejor que muchos con cargo y con lugar.
No lloréis por mi pena, reir con corazón,
aplaudid bien fuerte, que empieza la función:
que al fin, en la hoguera,
soy actriz, estrella… protagonista, verdadera estrella…
y fin de la representación.”
Fuego purificador, aplausos y catarsis colectiva
Y llegó el momento.
Depositada solemnemente sobre la pira funeraria, los operarios del Ayuntamiento procedieron a su incineración. Las llamas ascendieron entre aplausos, vítores y una emoción compartida que mezclaba nostalgia y alivio.
La quema fue celebrada como manda la tradición: con alegría, con ruido y con la certeza de que el Carnaval ha cumplido su ciclo.
Doña Leonor Sardina de la Vega, duquesa de las Conservas y marquesa del Escabeche Selecto, partió hacia una mejor vida —probablemente en aceite de oliva virgen extra— dejando tras de sí un pueblo entero reconciliado con la risa.
D.E.P. (Descansa en Pescado).
El Carnaval 2026 cierra su capítulo más esperado
El Entierro de la Sardina vuelve a demostrar que en Almagro el Carnaval no es solo fiesta: es sátira, es identidad, es comunidad.
Entre el llanto impostado y la carcajada sincera, el municipio ha despedido uno de los actos más emblemáticos del calendario festivo, reafirmando una tradición que cada año suma más adeptos y más ingenio.
Porque si algo quedó claro esta tarde es que en Almagro se puede llorar de pena… y de risa al mismo tiempo.
Y eso, queridas lectoras y lectores, no lo conserva ni el mejor escabeche.
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