La Plaza Mayor de Almagro luce desde hoy una de sus estampas más llamativas del calendario festivo: el catafalco que sostiene a Doña Sardina, instalado frente al consistorio almagreño y convertido ya en epicentro de miradas, comentarios y fotografías.
Se trata de una obra completamente renovada, ejecutada con minucioso detalle, sentido estético y una marcada teatralidad que encaja con la tradición cultural de la ciudad encajera. El conjunto, firmado por el artista almagreño Enrique López, ha sido concebido para sorprender y emocionar a vecinos y visitantes durante las jornadas centrales del Carnaval.
La estructura destaca por su realismo, su cuidada ornamentación y un aire solemne que dialoga, con cierta ironía, con la tradición satírica que siempre ha caracterizado el Entierro de la Sardina.
Una obra artesanal con sello propio
El proyecto ha sido fruto de un intenso mes de trabajo. Enrique López ha contado con la colaboración directa de personal municipal y, especialmente, del carpintero Ramón —responsable de la estructura— en una labor coordinada desde la Concejalía de Festejos.
Según ha explicado el propio autor a esta redacción, el punto de partida fue un ambicioso proyecto presentado meses atrás bajo el título “Almagro, una ciudad de cuento por Navidad”, del que se aprovecharon diversos elementos decorativos durante la campaña navideña. Tras el cambio de equipo de gobierno, el proyecto permanecía sobre la mesa y se retomó para nuevas iniciativas festivas.
“Cuando terminó la Navidad y los Reyes, me plantearon hacer el catafalco y las sardinas. He trabajado con absoluta libertad y confianza”, asegura López.
El artista subraya que recibió “carta blanca” por parte del equipo de gobierno y que ni concejales ni miembros de la corporación conocían los detalles del diseño hasta su instalación final, preservando el efecto sorpresa.
La polémica del nombre y la explicación del autor
La controversia ha surgido en torno al nombre elegido para la protagonista del catafalco: Doña Leonor Sardina de la Vega, duquesa de las Conservas y marquesa del Escabeche Selecto, una denominación incluida en el texto de las “últimas voluntades” que se leerán por megafonía en la Plaza Mayor.
Algunos sectores han querido ver en el nombre una alusión indirecta a la heredera de la Corona, hija de los Reyes de España, interpretación que ha derivado en artículos de opinión y críticas políticas.
Ante ello, Enrique López ha querido ser tajante:
“Yo no elegí ningún tema político. Estoy totalmente al margen de eso. Si hubiera sabido que el nombre podía generar esa interpretación, jamás lo habría utilizado con esa intención, porque no existe tal intención”.
El autor explica que el texto fue generado inicialmente mediante una herramienta de inteligencia artificial y posteriormente adaptado por él mismo. El nombre, según sostiene, le pareció “sonoro y teatral”, acorde con la estética barroca y el tono paródico del Carnaval, sin reparar en posibles lecturas políticas.
Inspiración teatral y esencia almagreña
La inspiración, lejos de la actualidad institucional, se sitúa en la tradición teatral de la ciudad y en su emblema cultural por excelencia: el Corral de Comedias de Almagro.
“Pensé en una actriz veterana del Corral, que ha pasado por todos los despachos pero nunca ha tenido el papel principal. Ese era el concepto”, relata López.
La teatralidad del catafalco, su aire cortesano y el tono hiperbólico del texto responden —según su creador— al espíritu histriónico del Carnaval, donde la exageración y la sátira forman parte del juego simbólico.
“No busco conflicto; busco engrandecer Almagro”
En declaraciones a este medio, el artista insiste en que su única motivación es contribuir a la proyección cultural de la ciudad:
“Soy trabajador fijo municipal. Mis responsables cambian cada cuatro años. Yo trabajo igual con unos que con otros. Lo único que intento es engrandecer la ciudad de Almagro con mis manos y con la sensibilidad que pueda aportar”.
López lamenta verse “involucrado en una dinámica política” de la que afirma huir deliberadamente. “Hay muchas más cosas que nos unen que las que nos separan”, añade, apelando a la necesidad de preservar la armonía institucional y el respeto mutuo.
Tradición, sátira y patrimonio
El Entierro de la Sardina es una tradición profundamente arraigada en numerosas localidades españolas y en Almagro adquiere una dimensión singular por el peso de su patrimonio histórico y cultural.
En una ciudad que cada verano acoge el prestigioso Festival Internacional de Teatro Clásico, el diálogo entre tradición, escenografía y espacio urbano cobra especial relevancia. El catafalco de Doña Sardina, con su carácter teatral y su cuidada puesta en escena, se inserta en esa línea de continuidad estética.
Una obra que ya forma parte del imaginario festivo
Más allá de la controversia, el catafalco expuesto frente al Ayuntamiento se ha convertido en uno de los principales atractivos visuales del Carnaval 2026 en Almagro. Vecinos y visitantes se detienen, fotografían y comentan la obra, que destaca por su originalidad y su impecable factura artística.
La Plaza Mayor vuelve así a consolidarse como escenario de la vida pública almagreña, donde arte, tradición y debate conviven bajo la mirada atenta de una ciudadanía exigente.
El tiempo —y la lectura desapasionada de los hechos— dirá si la polémica fue fruto de la susceptibilidad política o de una mera coincidencia nominal. Lo que hoy resulta incuestionable es la calidad artística de una obra que ha sabido captar la atención de toda la ciudad.
En el corazón de Almagro, Doña Sardina ya descansa en su catafalco. Y, como toda buena protagonista teatral, lo hace envuelta en aplausos… y en debate.
Últimas palabras de Doña Sardina
“Yo soy Doña Leonor Sardina de la Vega, actriz por vocación, sardina por destino,
y antes de arder, que el tiempo ya se entrega,
cuento mi vida entera… que bien lo mereciera.
Nací hace trescientos noventa y ocho inviernos,
con más arte que suerte y más tablas que estrenos.
Soñé con el Corral de Almagro celebrado,
que alzó Don Leonardo, presbítero honrado, mecenas del teatro, de fe y de buen honor,
que dio tablas al mundo… mas a mí, no favor.
Probé con verbo, gesto, pasión y empeño,
y al ver que no bastaba tan noble desempeño,
mostré escote y pantorrilla sin rubor ni malicia,
que a veces el teatro entra mejor por caricia.
Mas puertas siempre cerradas, promesas al viento,
hicieron larga y triste mi vida y mi intento;
y hallé cierto consuelo, no lo voy a negar, en chatos de buen vino manchego y algo que picar.
Entre ensayo y desvelo, más de una vez cayó
un queso bien curado… y el alma se alegró.
Creí en nobles promesas de alto apellido, un tal de Calatrava, muy recto y fingido;
juróme un papel grande, lucido y sonoro,
y no me dio ni el de apuntar… ¡vive Dios que lo lloro!
Todo quedó en secreto, que es cosa sabida
que juraban castidad… pero según venía la vida….
Llamé a nobles y plebeyos, gasté suela y razón,
y al Ayuntamiento fui con humilde intención;
mas siempre me dijeron, sin prisa y sin pesar:
“Ya veremos, señora… vuelva usted a pasar”.
Y hoy que llega mi fin, sin estreno ni gloria, entro al fin en escena y hago historia:
a la Plaza Mayor de Almagro llego al final,
en catafalco elegante, solemne y funeral,
más tiesa que un verso torpe… pero actriz principal.
Muero como viví, sin tablas ni telón,
actriz sin escenario, sardina sin función;
que si nunca pisé el Corral, quede entendido aquí:
no fue falta de talento… fue olvido hacia mi.
Leed esto en voz alta, con pausa y con humor,
alzando bien la ceja, que es teatro y es honor;
que quien hoy me lea, aunque no sepa actuar,
lo hará mejor que muchos con cargo y con lugar.
No lloréis por mi pena, reir con corazón,
aplaudid bien fuerte, que empieza la función:
que al fin, en la hoguera,
soy actriz, estrella… protagonista, verdadera estrella…
y fin de la representación.”

