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viernes, febrero 27, 2026

23-F Anatomía de una noche que pudo cambiar España (PARTE y III)

Investigación en profundidad sobre el golpe que sacudió la democracia

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Hace exactamente 45 años, el 23 de febrero de 1981, el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpía armado en el Congreso de los Diputados al grito de “¡Quieto todo el mundo!”, interrumpiendo la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo y desatando uno de los episodios más críticos de la democracia española. Aquella jornada, conocida como la “Noche de los Transistores”, mantuvo en vilo a millones de ciudadanos que siguieron los acontecimientos por radio mientras el país contenía la respiración ante la amenaza de un golpe de Estado.

Este reportaje (dividido en tres partes) reconstruye, paso a paso y minuto a minuto, la anatomía de la intentona golpista del 23F: los movimientos de los militares implicados, las decisiones clave, los silencios, las dudas y el desenlace final que marcó el rumbo de España. La crónica se apoya, en la documentación desclasificada en virtud del acuerdo aprobado por el Consejo de Ministros el 24 de febrero de 2026 y publicado en el BOE, que arroja nueva luz sobre lo ocurrido aquella tarde-noche del 23 de febrero de 1981. Una guía cronológica, rigurosa y detallada, para recordar lo que sucedió… o para entenderlo por primera vez con perspectiva histórica.

(Basado en los documentos desclasificados relativos al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 aprobado en el Consejo de Ministros el 24 de febrero de 2026. BOE)

– PARTE y III –
El impacto, la memoria y el legado de una fractura histórica

XVII. LA NOCHE EN LAS CALLES: UN PAÍS SIN INFORMACIÓN

Mientras el Congreso permanecía secuestrado y en Valencia los tanques patrullaban las calles, la mayor parte de los ciudadanos españoles vivía la crisis con información fragmentaria y angustiosa.

No existían redes sociales. La radio se convirtió en el único hilo narrativo continuo. Las emisoras, especialmente la Cadena SER, mantuvieron programación en directo durante horas. La televisión pública interrumpió su emisión habitual.

La sensación dominante fue de incertidumbre absoluta.

En muchas ciudades, los ciudadanos regresaron precipitadamente a sus casas. Los comercios cerraron. Las calles se vaciaron. Las conversaciones giraban en torno a una pregunta esencial:

¿Se había acabado la democracia?

XVIII. LA EMISIÓN DEL MENSAJE Y EL GIRO PSICOLÓGICO

A la 01:12 horas del 24 de febrero, el mensaje televisado del Rey se emite desde Televisión Española.

MENSAJE DEL REY JUAN CARLOS I EN LA NOCHE DEL 23-24 DE FEBRERO 1981.

“Al dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las regiones militares, zonas marítimas y regiones aéreas la orden siguiente: Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el palacio del Congreso, y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes del Estado Mayor que tomen las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.

Cualquier medida de carácter militar que, en su caso, hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes del Estado Mayor.

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum”.

No fue solo una intervención institucional. Fue un punto de inflexión psicológico colectivo.

Hasta ese momento, la ambigüedad era posible. Después del mensaje, no.

El uniforme de Capitán General, la apelación directa a la Constitución y la orden explícita de mantener el orden constitucional rompieron cualquier narrativa que pretendiera presentar el golpe como una acción respaldada por la Corona.

En términos estratégicos, el mensaje cerró la ventana de oportunidad de los sublevados.

XIX. LA REACCIÓN INTERNACIONAL

Las capitales europeas siguieron los acontecimientos con preocupación.

España, que negociaba su ingreso en la Comunidad Económica Europea, estaba siendo observada como un experimento democrático reciente. El fracaso del golpe reforzó la imagen internacional de consolidación institucional.

En Washington, París, Bonn y Londres se interpretó el desenlace como una prueba superada.

El 23-F no debilitó la proyección exterior de España. La fortaleció.

XX. EL DÍA DESPUÉS: UN SISTEMA REFORZADO

Paradójicamente, el golpe fracasado reforzó la legitimidad del sistema constitucional.

Las elecciones posteriores consolidaron el cambio político. En octubre de 1982, el PSOE obtuvo mayoría absoluta. La alternancia pacífica se convirtió en un hecho.

El Ejército inició un proceso progresivo de profesionalización y subordinación institucional más nítida al poder civil.

El 23-F operó como un punto de no retorno.

XXI. LA MEMORIA EN DISPUTA

Sin embargo, el relato del 23-F nunca ha sido completamente unívoco.

Durante décadas, han convivido varias narrativas:

  1. La versión institucional: un golpe aislado, neutralizado por la firmeza del Rey y la lealtad mayoritaria del Ejército.

  2. La versión conspirativa: una operación más amplia con apoyos civiles y militares que no salieron a la luz completamente.

  3. La versión correctiva: una crisis instrumentalizada para reforzar la autoridad institucional.

La documentación oficial -incluido el relato de las comunicaciones y órdenes transmitidas desde Zarzuela- apunta a una defensa activa del orden constitucional. Sin embargo, la existencia de debates procesales intensos en la causa 2/81 alimentó la percepción de zonas grises.

La historia no es solo hechos. Es interpretación.

XXII. LAS FRACTURAS INTERNAS DEL EJÉRCITO

El 23-F dejó en evidencia algo fundamental: el Ejército español no era monolítico.

El hecho de que solo una Capitanía General desplegara tropas y que el resto no secundara el movimiento fue decisivo.

La fractura interna se resolvió en favor de la legalidad.

En los años posteriores, la reforma militar, la integración en la OTAN y la profesionalización consolidaron ese proceso.

XXIII. EL JUICIO COMO CATARSIS INSTITUCIONAL

La causa 2/81 no fue solo un procedimiento penal. Fue una escenificación pública de responsabilidad.

Las notas informativas internas del juicio reflejan tensiones, protestas de defensores y múltiples menciones al papel institucional del Rey.

El juicio permitió:

  • Fijar responsabilidades individuales.

  • Separar la institución militar del acto golpista.

  • Ofrecer una narrativa jurídica de cierre.

Pero también dejó preguntas abiertas.

XXIV. EL LEGADO POLÍTICO

El 23-F marcó varias líneas de continuidad en la política española:

  • Consolidación del consenso constitucional.

  • Reforzamiento del papel arbitral de la Corona.

  • Aceleración de reformas institucionales.

  • Legitimación del poder civil sobre el militar.

Fue, en muchos sentidos, el último coletazo de la transición.

XXV. CUARENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS: ENTRE LA HISTORIA Y EL MITO

Más de cuatro décadas después, el 23-F sigue siendo objeto de libros, documentales y debates académicos.

La apertura progresiva de archivos ha permitido afinar detalles, pero no ha eliminado del todo las controversias.

El documento oficial sobre las comunicaciones en Zarzuela, incorporado a la causa 2/81, constituye una de las piezas fundamentales para reconstruir aquellas horas.

Sin embargo, la historia del 23-F no es solo un expediente. Es un símbolo.

Simboliza:

  • La fragilidad inicial de la democracia.

  • La tensión entre continuidad y ruptura.

  • El peso de las Fuerzas Armadas en la España postfranquista.

  • El papel decisivo de las instituciones en momentos críticos.

EPÍLOGO: LA NOCHE QUE DEFINIÓ UNA GENERACIÓN

Entre las 18:23 del 23 de febrero y las 06:10 del día 24, España estuvo suspendida.

Hubo disparos en el Congreso.
Hubo tanques en las calles.
Hubo llamadas tensas entre mandos militares.
Hubo propuestas de gobiernos de concentración.
Hubo incertidumbre real sobre el futuro.

Y hubo un mensaje que fijó el rumbo.

El 23-F no fue el final de la transición. Fue su prueba definitiva.

El golpe fracasó.
La democracia permaneció.
Pero la memoria de aquella noche sigue recordando que ningún sistema es irreversible.

Vicente Galiano M.

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