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jueves, febrero 26, 2026

23-F Anatomía de una noche que pudo cambiar España (PARTE II)

Investigación en profundidad sobre el golpe que sacudió la democracia

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Hace exactamente 45 años, el 23 de febrero de 1981, el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpía armado en el Congreso de los Diputados al grito de “¡Quieto todo el mundo!”, interrumpiendo la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo y desatando uno de los episodios más críticos de la democracia española. Aquella jornada, conocida como la “Noche de los Transistores”, mantuvo en vilo a millones de ciudadanos que siguieron los acontecimientos por radio mientras el país contenía la respiración ante la amenaza de un golpe de Estado.

Este reportaje (dividido en tres partes) reconstruye, paso a paso y minuto a minuto, la anatomía de la intentona golpista del 23F: los movimientos de los militares implicados, las decisiones clave, los silencios, las dudas y el desenlace final que marcó el rumbo de España. La crónica se apoya, en la documentación desclasificada en virtud del acuerdo aprobado por el Consejo de Ministros el 24 de febrero de 2026 y publicado en el BOE, que arroja nueva luz sobre lo ocurrido aquella tarde-noche del 23 de febrero de 1981. Una guía cronológica, rigurosa y detallada, para recordar lo que sucedió… o para entenderlo por primera vez con perspectiva histórica.

(Basado en los documentos desclasificados relativos al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 aprobado en el Consejo de Ministros el 24 de febrero de 2026. BOE)

– PARTE II –
Los hombres, la trama y las fracturas internas

X. ANTONIO TEJERO: EL GOLPISTA CONVENCIDO

Para entender el 23-F hay que entender a Antonio Tejero Molina.

Teniente Coronel de la Guardia Civil, veterano del franquismo tardío, ya había participado en la llamada “Operación Galaxia” en 1978, un intento frustrado de golpe por el que fue condenado a una pena leve. Para muchos historiadores, aquella indulgencia judicial envió un mensaje ambiguo.

Tejero no era un estratega sofisticado. Era, ante todo, un hombre de convicciones rígidas. Consideraba que la Constitución había debilitado la unidad nacional, que la descentralización autonómica era una cesión inaceptable y que el terrorismo exigía respuestas de excepción.

Según diversas declaraciones recogidas durante la vista oral de la causa 2/81, Tejero insistió reiteradamente en que solo obedecía órdenes de Milans del Bosch. Esa afirmación sería uno de los ejes centrales del juicio.

En el Congreso, su comportamiento osciló entre la teatralidad y la obstinación. Rechazó propuestas intermedias, incluida la llamada “solución Armada”. Su concepción del golpe no era negociable.

No quería un gobierno de concentración.
Quería una ruptura.

Muere el último gran condenado del 23-F el día de la desclasificación oficial

La muerte de Antonio Tejero Molina, el exteniente coronel de la Guardia Civil que protagonizó el asalto al Congreso de los Diputados durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cierra uno de los capítulos más simbólicos y controvertidos de la historia reciente de España. Tenía 93 años.

Según ha confirmado la abogada de la familia, Ángeles Cañizares, el fallecimiento se produjo este miércoles en Valencia —otras fuentes lo sitúan en Xàtiva o Alzira— “de forma serena, en paz y rodeado de toda su familia”. El anuncio fue adelantado también por el abogado Luis Felipe Utrera Molina y acompañado por un comunicado de uno de sus hijos, quien aseguró que su padre murió “habiendo recibido los últimos sacramentos y la Bendición de Su Santidad León XIV”.

Su muerte coincide con la jornada en la que el Gobierno ha hecho pública la desclasificación de documentos relativos a la asonada, un gesto que reabre el debate histórico sobre uno de los episodios más delicados de la Transición.

XI. MILANS DEL BOSCH: EL GENERAL QUE SACÓ LOS TANQUES

Si Tejero simboliza la irrupción violenta, Jaime Milans del Bosch representa la dimensión estructural del intento.

Capitán General de la III Región Militar, veterano con prestigio en sectores tradicionales del Ejército, fue el único alto mando que desplegó unidades en la calle.

El documento oficial recoge que, tras conversaciones con el Rey, Milans manifestó inicialmente estar “a las órdenes del Rey”. Sin embargo, el bando declarando el estado de guerra ya estaba en marcha.

Durante la madrugada, el monarca le ordena retirar las tropas. Finalmente, a las 05:10 horas del 24 de febrero, se recibe el télex en el que Milans anula el bando y reafirma su adhesión al mando supremo.

Milans sería condenado posteriormente a 30 años de prisión.

Su figura encarna una pregunta crucial:
¿Actuó creyendo que contaba con respaldo implícito?
¿O fue un cálculo erróneo sobre el apoyo que recibiría del resto de Capitanías?

XII. ALFONSO ARMADA: LA PIEZA MÁS ENIGMÁTICA

Si hay un nombre que sigue generando debate cuatro décadas después, es el de Alfonso Armada.

Antiguo secretario de la Casa del Rey, hombre cercano al monarca, general con reputación de moderado, aparece en el relato oficial como solicitante de acceso a Zarzuela —petición que fue denegada.

La llamada “solución Armada” consistía en la formación de un gobierno de concentración nacional presidido por él mismo, que incluiría representantes de distintas fuerzas políticas.

El relato documentado recoge que Milans insistía en esa fórmula y que Armada llegó a entrar en el Congreso, aunque Tejero rechazó su propuesta.

En el juicio, la defensa de Armada sostuvo que su intervención pretendía reconducir la situación hacia la legalidad. La acusación consideró que su papel fue central en la trama.

Las notas informativas del procedimiento reflejan que el nombre del Rey fue mencionado en numerosas ocasiones durante la vista, tanto para sugerir implicación como para reforzar la tesis de su defensa del orden constitucional.

Armada fue condenado a 30 años.

Su figura sigue siendo la más ambigua del triángulo golpista.

XIII. LAS CAPITANÍAS GENERALES: EL SILENCIO DECISIVO

Uno de los factores determinantes del fracaso del golpe fue la actitud del resto de Capitanías Generales.

El documento oficial deja constancia de los contactos establecidos con todas ellas para conocer su posición.

Ninguna secundó la iniciativa de Milans.

Ese silencio fue decisivo.

El 23-F demostró que el Ejército no era un bloque homogéneo. Existían corrientes, tensiones y nostalgias, pero la cadena de mando constitucional se impuso.

Sin el respaldo mayoritario de las regiones militares, el golpe quedó territorialmente aislado.

XIV. LA MADRUGADA DE LA DECISIÓN

Entre las 00:30 y las 01:12 horas del 24 de febrero se graba y emite el mensaje televisado del Rey.

La carga simbólica es enorme:

  • Uniforme de Capitán General.

  • Defensa explícita del orden constitucional.

  • Desautorización inequívoca de cualquier golpe en su nombre.

La frase transmitida telefónicamente a Milans -“Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey” – fija el marco político.

Tras el mensaje, el aislamiento de los sublevados se acelera.

XV. EL JUICIO: LA CAUSA 2/81

El Consejo Supremo de Justicia Militar instruyó la causa 2/81.

Las notas internas del procedimiento revelan un proceso tenso, con constantes protestas de defensores, debates sobre lectura de documentos y referencias reiteradas al papel institucional del Rey.

Durante la vista oral:

  • Se discutió la coordinación real entre los acusados.

  • Se analizaron comunicaciones y télex.

  • Se debatió el alcance de la “solución Armada”.

  • Se cuestionó si existieron apoyos latentes no materializados.

El juicio no fue solo penal. Fue político e histórico.

Las condenas principales:

  • Tejero: 30 años.

  • Milans del Bosch: 30 años.

  • Armada: 30 años.

Otros implicados recibieron penas menores.

XVI. LAS SOMBRAS QUE PERSISTEN

A pesar de la abundante documentación, el 23-F sigue generando interrogantes:

  1. ¿Hubo sectores civiles que alentaron el movimiento?

  2. ¿Se sobredimensionó el apoyo potencial al golpe?

  3. ¿La “solución Armada” fue una iniciativa autónoma o parte de una estrategia previa?

  4. ¿Existieron conversaciones políticas previas sobre un gobierno de concentración que luego fueron instrumentalizadas?

Las respuestas no son unánimes en la historiografía.

El 23-F no es solo un hecho histórico. Es un terreno de disputa interpretativa.

CONTINUARÁ…

Vicente Galiano M.

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