La ciudad de Almagro es hoy un referente indiscutible del patrimonio histórico y urbano de España, una realidad que no puede entenderse sin el marco legal que consolidó su protección hace más de medio siglo. La declaración de conjunto histórico-artístico mediante el Decreto 2104/1972, de 13 de julio, supuso un punto de inflexión decisivo para la preservación de su identidad urbana, garantizando la conservación de uno de los cascos históricos más valiosos y mejor conservados del país.
Este decreto, aprobado por el Gobierno español tras la deliberación del Consejo de Ministros el 23 de junio de 1972 y publicado oficialmente ese mismo verano, formalizó la protección integral de la ciudad y estableció un régimen de tutela que condiciona desde entonces el desarrollo urbanístico, la rehabilitación del patrimonio y la preservación del paisaje urbano. Desde ese momento, Almagro quedó bajo la protección del Estado, a través de la Dirección General de Bellas Artes del entonces Ministerio de Educación y Ciencia, con el objetivo de garantizar la conservación de un conjunto urbano considerado excepcional por su riqueza histórica, arquitectónica y artística.
La relevancia de esta declaración radica en que Almagro no es únicamente una ciudad con monumentos aislados, sino un tejido urbano completo que conserva con extraordinaria coherencia la estructura histórica de siglos pasados. El decreto subrayaba precisamente esa singularidad: la ciudad ofrece una “conjunción poco frecuente de valores históricos y artísticos”, una afirmación que sigue plenamente vigente más de cincuenta años después.
Una ciudad nacida con la Orden de Calatrava
El origen histórico de Almagro está profundamente vinculado a la Orden de Calatrava, una de las órdenes militares más influyentes de la España medieval. Fue en este contexto donde la ciudad comenzó a adquirir relevancia política y administrativa, convirtiéndose en la sede de los maestres de la orden, quienes ejercían una autoridad que combinaba poder civil y espiritual en amplios territorios del Campo de Calatrava.
Los maestres establecieron y reformaron el régimen municipal, otorgaron fueros y privilegios, poblaron los territorios de su señorío y administraron tributos, consolidando un modelo de organización territorial que situó a Almagro en el centro del poder regional durante siglos. Este liderazgo institucional contribuyó a la consolidación de la ciudad como núcleo político y administrativo, un papel que mantendría incluso tras la incorporación de las órdenes militares a la Corona de Castilla durante el reinado de los Reyes Católicos.
El siglo XVI: la edad dorada de Almagro
Aunque su origen medieval es fundamental, el momento de mayor esplendor de Almagro llegó durante el siglo XVI, una etapa marcada por el crecimiento económico, la construcción de grandes edificios y la proyección internacional de algunos de sus hijos más ilustres.
Entre ellos destaca Diego de Almagro, célebre conquistador vinculado a la exploración y conquista de territorios en América, especialmente en Chile. También sobresale la figura de Álvaro de Bazán, primer Marqués de Santa Cruz, uno de los más destacados estrategas navales de la historia de España, quien además introdujo en la ciudad la devoción a la Virgen de las Nieves, patrona de Almagro.
Durante esta etapa, la ciudad mantuvo la capitalidad del Campo de Calatrava, lo que consolidó su influencia administrativa y económica en el territorio. Posteriormente, en 1796, Almagro obtuvo oficialmente el título de ciudad, un reconocimiento que reflejaba su relevancia histórica y su peso en la región.
En esos mismos años, según las descripciones del geógrafo Pascual Madoz, se introdujo en Almagro una actividad artesanal que alcanzaría gran fama: la industria de los encajes y blondas, que durante décadas se convirtió en una de las señas de identidad económica y cultural de la localidad.
Un conjunto urbano único en España
El decreto de 1972 puso de relieve el extraordinario valor arquitectónico del conjunto urbano de Almagro. Entre sus espacios más emblemáticos destaca la Plaza Mayor, considerada una de las más singulares de España. Este espacio urbano se caracteriza por sus casas porticadas de baja altura, sus galerías acristaladas de color verde y una cubierta ondulada que aporta un carácter inconfundible al conjunto. Su diseño refleja una clara influencia flamenca, fruto de la presencia de comerciantes europeos en la ciudad durante los siglos de mayor prosperidad económica.
A este núcleo urbano se suman algunos de los edificios civiles más representativos del patrimonio manchego, como el Palacio de los Fugger, vinculado a la poderosa familia de banqueros alemanes que gestionaron las rentas de las minas de Almadén, el Palacio Maestral, símbolo del poder de la Orden de Calatrava, o el célebre Corral de Comedias, uno de los teatros del Siglo de Oro mejor conservados de Europa.
En el ámbito religioso, la riqueza patrimonial de Almagro es igualmente notable. El decreto destacaba la presencia de templos y conventos de gran relevancia histórica y artística, como las iglesias de San Agustín y San Blas, las parroquias de San Bartolomé y Nuestra Señora de la Madre de Dios, así como los conventos de Santo Domingo, antigua universidad de la ciudad, la Encarnación, la Asunción y San Francisco, además de la histórica ermita de San Juan.
Una protección que define la ciudad actual
La declaración de conjunto histórico-artístico no fue solo un reconocimiento patrimonial, sino también una herramienta decisiva para evitar transformaciones urbanísticas que pudieran alterar el carácter histórico de la ciudad. El propio decreto subrayaba la necesidad de preservar este “notabilísimo conjunto de valores históricos y artísticos” frente a reformas o innovaciones que pudieran perjudicarlo.
Más de cinco décadas después, esa protección sigue siendo uno de los pilares del modelo urbano de Almagro. El casco histórico mantiene una extraordinaria coherencia arquitectónica, donde la continuidad de las fachadas, la escala de los edificios y la estructura de calles y plazas permiten una lectura clara del desarrollo histórico de la ciudad.
Este modelo urbano favorece además una experiencia que hoy se considera uno de los mayores atractivos de Almagro: una ciudad pensada para caminar, donde el visitante puede recorrer a pie siglos de historia, descubriendo plazas, palacios, iglesias y rincones que han sobrevivido prácticamente intactos al paso del tiempo.
Patrimonio vivo y referencia cultural
La protección patrimonial ha permitido que Almagro conserve su esencia histórica al tiempo que se ha consolidado como uno de los grandes destinos culturales de Castilla-La Mancha. Su casco histórico no es un espacio museístico, sino un entorno vivo que acoge actividades culturales, festivales internacionales y una intensa vida social.
En este contexto, la ciudad se ha convertido en un ejemplo de cómo la conservación del patrimonio puede convivir con la dinamización cultural y turística, transformando la historia en un motor de desarrollo sostenible.
Más de cincuenta años después de aquel decreto firmado en Madrid el 13 de julio de 1972, la ciudad demuestra que la protección patrimonial no solo preserva el pasado, sino que también define el presente y proyecta el futuro de Almagro como una de las joyas históricas de España.
»»»Ver Decreto 21041972, de 13 de julio«««
Vicente Galiano M.

